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Archive for the ‘MEDICINA ALTERNATIVA’ Category

HOMBRE DE VITRUVIOSegún los ancestros de diferentes partes de nuestro mundo, nuestro cuerpo es sintiente y pensante. Por ejemplo en el caso de los ancestros de las tribus australianas, cuando una persona se hiere o enferma, la tribu se reúne a su alrededor junto con el enfermo y le canta pidiéndole perdón a la herida o parte afectada. Y esta entra automáticamente en remisión y se dan curaciones milagrosas.

Lo mismo ocurre en las asombrosas curaciones de los kahunas o médicos magos hawaianos, estos entran en oración directa con la parte afectada pidiéndole perdón en un acto de oración donde se involucran ellos, el paciente y todas las vidas durante las cuales ellos se han encontrado e involucrado con esa persona….y se dan curaciones consideradas milagrosas.

En el conocimiento ancestral Inka, todo es reciprocidad. Uno enferma cuando se llena de energía pesada o “hucha”, por tener actitudes egoístas y no dejar fluir el “sami” o energía ligera. Por ello en las curaciones se pide a la a la parte del cuerpo que se armonice con la pachamama y permita que el bloqueo se equilibre. Y la persona sana.

En el caso de los Lakotas en el norte, al cuerpo se le habla para informarle que una medicina va a curarlo y a la medicina también. Y lógicamente las personas sanan.

Como vemos, tomando algunos casos de medicina ancestral, llegamos a una interesante conclusión: Los ancestros aceptaban a las partes de nuestro cuerpo como un ser completamente inteligente y autónomo del cerebro…eso durante los últimos siglos se tomo como franca superchería o superstición. Pero veamos ahora los descubrimientos más recientes de la ciencia…te vas a quedar estupefacta.

La sabiduría del cuerpo es un buen punto de acceso a las dimensiones ocultas de la vida: es totalmente invisible, pero innegable. Los investigadores médicos empezaron a aceptar este hecho a mediados de los años ochenta. Anteriormente se consideraba que la capacidad de la inteligencia era exclusiva del cerebro, pero entonces se descubrieron indicios de inteligencia en el sistema inmune y luego en el digestivo.

LA INTELIGENCIA DEL SISTEMA INMUNE

La Dra. Bert descubrió (y luego lo confirmaron otros científicos), que existen tipos receptores inteligentes no sólo en las células cerebrales, sino en todas las células de todas partes del cuerpo (les llamaron en un principio neuropéptidos). Cuando comenzaron a observar las células del sistema inmunológico, por ejemplo, las que protegen contra el cáncer, las infecciones, etc., encontraron receptores de los mismos tipos que en el cerebro. En otras palabras, tus células inmunológicas, las que te protegen del cáncer y de las infecciones, están literalmente vigilando cada pensamiento tuyo, cada emoción, cada concepto que emites, cada deseo que tienes. Cada pequeña célula T y B del sistema inmunológico, produce las mismas sustancias químicas que produce el cerebro cuando piensa. Esto, lo hace todo muy interesante, porque ahora podemos decir que las células inmunológicas son pensantes. No son tan elaboradas, como lo es la célula cerebral que puede hacerlo en inglés o castellano, pero sí piensa, siente, se emociona y desea, se alegra, se entristece, etc. Y ello es la causa de enfermedades, de stress, cáncer…etc…cuando te deprimes entran en huelga y dejan pasar los virus que se instala en tu cuerpo.

LA INTELIGENCIA DEL SISTEMA DIGESTIVO.

Hace diez años parecía absurdo hablar de inteligencia en los intestinos. Se sabía que el revestimiento del tracto digestivo posee miles de terminaciones nerviosas, pero se les consideraba simples extensiones del sistema nervioso, un medio para mantener la insulsa tarea de extraer sustancias nutritivas del alimento. Hoy sabemos que, después de todo, los intestinos no son tan insulsos. Estas células nerviosas que se extienden por el tracto digestivo forman un fino sistema que reacciona a sucesos externos: un comentario perturbador en el trabajo, un peligro inminente, la muerte de un familiar. Las reacciones del estómago son tan confiables como los pensamientos del cerebro, e igualmente complicadas.

LA INTELIGENCIA DEL HIGADO

Las células de colon, hígado y estómago también piensan, sólo que no con el lenguaje verbal del cerebro. Lo que llamamos “reacción visceral” es apenas un indicio de la compleja inteligencia de estos miles de millones de células. En una revolución médica radical, los científicos han accedido a una dimensión oculta que nadie sospechaba: las células nos han superado en inteligencia durante millones de años.

LA INTELIGENCIA DEL CORAZON

Muchos creen que la conciencia se origina únicamente en el cerebro. Recientes investigaciones científicas sugieren de hecho que la conciencia emerge del cerebro y del cuerpo actuando juntos. Una creciente evidencia sugiere que el corazón juega un papel particularmente significante en este proceso. Mucho más que una simple bomba, como alguna vez se creyó, el corazón es reconocido actualmente por los científicos como un sistema altamente complejo, con su propio y funcional “cerebro”. O sea el corazón tiene un cerebro o inteligencia. Según nuevas investigaciones en el campo de la Neurocardiología, el corazón es un órgano sensorial y un sofisticado centro para recibir y procesar información. El sistema nervioso dentro del corazón (o el “cerebro del corazón”) lo habilita para aprender, recordar, y para realizar decisiones funcionales independientemente de la corteza cerebral. Aparte de la extensa red de comunicación nerviosa que conecta al corazón con el cerebro y con el resto de cuerpo, el corazón transmite información al cerebro y al cuerpo interactuando a través de un campo eléctrico.

El corazón genera el más poderoso y más extenso campo eléctrico del cuerpo. Comparado con el producido por el cerebro, el componente eléctrico del campo del corazón es algo así como 60 veces más grande en amplitud, y penetra a cada célula del cuerpo. El componente magnético es aproximadamente 5000 veces más fuerte que el campo magnético del cerebro y puede ser detectado a varios pies de distancia del cuerpo con magnetómetros sensibles.

RECOMENDACIONES:

Las investigaciones del Instituto HeartMath sugieren que respirando con Actitud, es una herramienta que le ayuda a sincronizar su corazón, mente y cuerpo para darle una coherencia psicofisiológica más poderosa. Al usar esta técnica regularmente pruebe 5 veces al día usted desarrollará la habilidad para realizar un cambio de actitud durable. Con Respirando con Actitud, usted se enfoca en su corazón y en el plexo solar mientras respira con una actitud positiva. El corazón automáticamente armonizará la energía entre el corazón, mente y cuerpo, incrementando la conciencia y la claridad.

HOMBRE DE VITRUVIO

“… y también el ombligo es el punto central natural del cuerpo humano, ya que si un hombre se echa sobre la espalda, con las manos y los pies extendidos, y coloca la punta de un compás en su ombligo, los dedos de las manos y los de los pies tocarán la circunferencia del círculo que así trazamos. Y de la misma forma que el cuerpo humano nos da un círculo que lo rodea, también podemos hallar un cuadrado donde igualmente esté encerrado el cuerpo humano. Porque si medimos la distancia desde las plantas de los pies hasta la punta de la cabeza y luego aplicamos esta misma medida a los brazos extendidos, encontraremos que la anchura es igual a la longitud, como en el caso de superficies planas que son perfectamente cuadradas”.

Somos muchos los que creemos en el conocimiento de nuestros ancestros, ancestros de diferentes culturas y partes del mundo y que han llegado a conclusiones similares sobre el poder que tiene la mente sobre nuestras enfermedades. Doy fe de ello, porque a mí me ha ocurrido, sé que es fácil decirlo y difícil ponerlo en práctica, pero la buena noticia es que se consigue. Un simple cambio de actitud en nuestras vidas, nos asegura grandes dosis de buena salud.

Y, como en otras ocasiones, comparto los artículos que a mi parecer os puedan ser útiles para vuestro bienestar, así que transcribo este artículo publicado en el blog de, Gloria Elena.

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EDWARD BACHEdward Bach nació el 24 de septiembre de 1886, en Moseley, un pueblo a cinco kilómetros de Birmingham, Inglaterra.
Concentrado en sus descubrimientos, Bach apenas consideraba su propia salud. Ya en 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial, fue declarado inútil para el servicio militar a causa de sus malas condiciones físicas. No obstante, se le confió la responsabilidad de las cuatrocientas camas del Hospital de la Universidad en la que se había licenciado. En julio de 1917, Edward tuvo que ser operado de urgencia, y el diagnóstico fue atroz: tumor con metástasis. Le diagnosticaron tres meses de vida. Fue un golpe terrible ya que creía, estar destinado a llevar a término una tarea capital, pero ahora no podría realizarla, y así cayó en una profunda depresión, sin embargo, esta postración duró poco porque Bach reaccionó y decidió que si tenía que desaparecer, era preciso que dejase detrás de él el mayor trabajo realizado. Pasando la mayor parte del tiempo en el laboratorio, sus experimentos lo absorbieron completamente. Y un buen día Bach se dio cuenta de que a pesar de haber transcurrido los tres meses prefijados, seguía con vida. Los médicos que lo asistían no daban crédito a sus ojos: ¡la enfermedad retrocedía!
Así fue cómo Bach comprendió que un gran amor, una pasión, un objetivo en la vida eran factores decisivos ante los cuales incluso la Muerte pierde todo poder. Mucho más tarde, esta intuición tuvo un encuentro en la práctica médica. Todas las flores que había aprendido a usar con fines terapéuticos tenían una característica común: la de restituir energía al cuerpo y la mente. De esta manera, recobraba el paciente la voluntad de vivir y, gracias a esto, lograba curarse. Con respecto a esto Bach dijo: “No existe una verdadera curación… sin la paz del alma y sin una sensación de júbilo interno”. Buscó la causa de las enfermedades en las bacterias, en la alimentación, en las actitudes psicológicas de los pacientes, pero interiormente sabía ya la respuesta que más tarde le confirmaría la experiencia: en la base de toda enfermedad hay un estado de ánimo negativo. Partiendo, pues, del estado de ánimo es preciso curar al paciente.
Respecto a las vacunas, Bach no estaba demasiado satisfecho: curaban efectivamente a muchas personas pero a otras no. Y en algunos casos, se reproducía la enfermedad. Entonces, buscó nuevos remedios entre las plantas y las hierbas de la naturaleza. ¡Debía de haber algo para los que no reaccionaban satisfactoriamente a los nosodes! Así descubrió que algunas plantas aportaban los mismos beneficios de las bacterias, y con la esperanza de hacerlas más eficaces, empezó a reelaborar las vacunas, reemplazando los siete grupos de bacterias por otras tantas plantas. Todos sus momentos libres los pasaba en el campo en busca de aquéllas. Mientras tanto, había iniciado un estudio metódico del ánimo humano; Bach anotaba de cada paciente el estado de ánimo, las reacciones a la enfermedad, las costumbres y los diversos cambios. De este modo, con los remedios que tenía a su disposición, empezó a curar también los estados de ánimo, y los resultados fueron alentadores porque comprendió que, como había sucedido ya unos años antes, mejorando el estado de ánimo de un paciente se favorecía su curación.
A los cuarenta y tres años inició así una nueva vida. Se estableció en un poblado de Gales y volvió a dar largas caminatas por los prados y los bosques, siempre en busca de las flores que podían serle de utilidad. Metódicamente, se sentaba durante horas al lado de una planta y la observaba hasta que conocía todas sus características. Algo le decía que las flores anheladas eran las más sencillas y modestas.
La fitoterapia (tratamiento de las enfermedades mediante plantas) no era ninguna novedad, pues desde siglos atrás se curaban los seres humanos con hierbas. Pero Bach estaba convencido de que las flores eran mucho más eficaces que las hierbas, ya que contienen toda la energía de la planta en que brotan. Sospechaba, además, que algunas flores no se limitaban a intervenir en el funcionamiento de un órgano o sobre el órgano enfermo, sino que trabajaban a un nivel más sutil y profundo, cambiando el estado psicológico negativo de la persona, o sea el terreno sobre el cual se implantaba la enfermedad. A finales de los años 30, Bach ya había descubierto nuevas flores e identificado doce estados de ánimo negativos fundamentales que era necesario reequilibrar. Esos doce estados de ánimo eran:
Miedo, terror, tormento mental, indecisión, indiferencia o aburrimiento, duda o desaliento, intromisión, debilidad, desconfianza en uno mismo, impaciencia, excesivo entusiasmo y soledad. Faltaban tres flores para curar todos los estados de ánimo individualizados por Bach, y las descubrió entre los años 1931-32. Ahora ya tenía a su disposición doce remedios base, esenciales para la curación de otros tantos estados de ánimo, a los que denominó los doce curadores Eran los siguientes:
Heliantemo para combatir el terror. Mímulo para el temor o miedo. Ceratostigma para las dudas sobre uno mismo. Scleranthus para la indecisión. Genciana para el desaliento. Centaura para la debilidad o flaqueza. Violeta de agua para la soledad. Impaciencia para la impaciencia. Agrimonia para los tormentos mentales. Achicoria para la intromisión. Verbena para el entusiasmo excesivo y Clemátide para la indiferencia.
A partir de entonces, Bach empezó, no sólo a curar, sino a divulgar los resultados positivos obtenidos con su nueva terapia. Entre los años 1929-1934, aparte de los artículos para los adeptos a sus trabajos, escribió dos pequeñas obras que obtuvieron un éxito resonante e inmediato: Heal Thyself (Cúrese usted mismo) y The Twelve Healers and Other Remedies (Los doce curadores y otros remedios), cuyo contenido ya había anticipado en parte en otro volumen: Free Thyself.
El 27 de noviembre de 1936 se acostó y falleció mientras dormía. Tenía cincuenta años. Según la medicina oficial habría debido morir en 1917.

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FLORES DE BACHEste es un resumen de cómo Edward Bach descubrió los benéficos efectos de las flores, partiendo de su creencia en que había que tratar al enfermo y no a la enfermedad.
Edward Bach nació el 24 de setiembre de 1886, en Moseley, un pueblo a cinco kilómetros de Birmingham, Inglaterra. Creció en una campiña que fue determinante para la formación de su carácter y la elección que debía efectuar de adulto. Era un enamorado de la naturaleza, antes que jugar con sus amigos él prefería aislarse y pasear por las orillas del río, permaneciendo durante horas contemplando la corriente de sus aguas. Para él, todas las cosas tenían un alma: las plantas, los pájaros, las hierbas, los troncos de los árboles. Todo parecía hablarle en un lenguaje sutil y misterioso, que sólo él podía entender. Se sentía tan próximo a todo lo creado que cualquier ser suscitaba en él una profunda compasión. A los seis años decidió: “seré médico”, lejos de ser una simple frase, un sueño infantil, fue una decisión que condicionó toda su vida. Bach soñaba con una medicina formada por curas sencillas, en lugar de los métodos de la medicina tradicional, de cualquier manera su carrera de medicina la cursó en la universidad de Birmingham y después prácticas en el Hospital Escuela de la Universidad de Londres, donde se licenció en 1912.
Bach destacó y ascendió rápidamente, pero las desilusiones llegarían a ser mayores que las satisfacciones; con su enorme sensibilidad, Bach no tardó en darse cuenta de que la práctica médica era mecánica y despersonalizada ya que sus compañeros se centraban en las enfermedades, en los síntomas, en las curaciones, pero a menudo ni siquiera recordaban el nombre del paciente ni tenían en cuenta ni la personalidad ni las necesidades emocionales de aquellos. Bach llegó a la conclusión que cada ser humano es en sí un mundo aparte, y que lo que había que curar era al enfermo y no a la enfermedad. Por este motivo, unas medicinas eran eficaces para ciertos pacientes pero inútiles para otros. Bach abandonó la unidad de cirugía del Hospital Escuela y se dedicó a la investigación bacteriológica. El resultado fue alentador, descubrió que en el estómago de algunos enfermos crónicos habitaban unas bacterias particulares, totalmente ausentes o presentes en cantidades mínimas en el estómago de las personas sanas. Con estas bacterias, Bach preparó una vacuna que inyectó a algunos pacientes. Curaron todos y hasta desaparecieron los trastornos más difíciles de eliminar, como los dolores de artrosis y reumatismo. A este descubrimiento siguieron otros. Sobre el problema de la dosificación y el ritmo a que debían administrarse tales vacunas, Bach trabajó toda su vida. El estudio de las vacunas iba dando óptimos resultados, pero Bach no se hallaba demasiado satisfecho ya que algunos enfermos no respondían al tratamiento. Su encuentro con la homeopatía llegó al leer casualmente el Organon de Samuel Hahnemann, fundador de la homeopatía, quedó aturdido: un siglo antes Hahnemann había descubierto la relación existente entre las enfermedades crónicas y la toxemia intestinal. Pero a diferencia de Bach, Hahnemann no curaba las enfermedades con los gérmenes, sino con hierbas, plantas y musgos. También usaba veneno y metales, aunque en cantidades infinitesimales y, sobre todo había un aspecto común entre los dos, tanto Hahnemann como Bach opinaban que era necesario tratar al paciente y no a la enfermedad.
Bach se entusiasmó: si lograba combinar el descubrimiento de Hahnemann con los propios, los beneficios serían inmensos. Gracias a la homeopatía, Bach consiguió preparar nuevas vacunas que no era ya necesario administrar por vía sanguínea sino oralmente. Estas vacunas, llamadas “nosodes”, resolvieron con éxito centenares de casos de enfermedades crónicas.
Pero Bach aún no estaba satisfecho, dividió a las bacterias responsables de las enfermedades crónicas en siete grupos y empezó a analizar las características comunes de las personas que necesitaban la misma vacuna. De ahí derivaron siete tipos psicológicos, siete perfiles humanos distintos. De esta manera, Bach inició los interrogantes de si a cada enfermedad correspondía un determinado estado de ánimo, uno de los siete tipos psicológicos que había individualizado. Era una idea revolucionaria, pero Edward Bach aún se formuló otra pregunta: ¿Y si fuese al revés? ¿Si fuese el estado de ánimo el que provoca la enfermedad?
Por el momento era una hipótesis fantástica. Bach se la guardó para sí pero continuó trabajando en ella, mientras el mundo de la medicina, aunque sin gran entusiasmo, concedía cierto interés a sus vacunas. “Los siete nosodes de Bach”, como los llamaron, se utilizaron en Inglaterra, Norteamérica y Alemania, y no sólo en la medicina homeopática sino también en la alopática. Los años siguientes fueron ricos en descubrimientos. Bach decidió profundizar en sus estudios, sobre todo en el aspecto psicológico de las enfermedades, y abandonó el hospital de la Universidad, prosiguiendo sus trabajos en el Hospital Homeopático de Londres.
Un día de septiembre de 1928, como obedeciendo a un impulso, Bach se desplazó de improviso a Gales, y reanudó sus largos viajes por la campiña de sus antepasados. Entre otras, cogió dos flores: el mímulo amarillo y la impaciencia, con las cuales preparó nosodes según el mismo método que había utilizado cuando usó las bacterias. La misma intuición que lo había guiado cuando eligió las dos flores también lo guió en la prescripción. Para decidir a qué pacientes debía administrar esos remedios, Bach se dejó llevar por la semejanza entre las flores y los individuos. De esta manera administró el mímulo, flor de aspecto tímida y asustadiza, a un paciente que padecía de pequeños temores. Y la impaciencia, una flor de gran nerviosidad que proyecta sus semillas a varios metros de distancia, la aplicó a un individuo de modales más bien rudos y ásperos. Los resultados fueron inmediatos. Muy satisfecho, Bach empezó a curar a sus pacientes con ambas flores, a las que añadió una tercera, la clemátide. Pero la nueva terapia sólo resultaba eficaz con aquellos pacientes que poseían unas características comunes a las flores que les curaba.
Bach, entonces, decidió dedicarse por completo a la búsqueda de otras flores que tuvieran la misma eficacia terapéutica que las que ya había encontrado. Estaba totalmente convencido de poder sustituir todo lo que obtenía de las bacterias por esencias simples extraídas de las flores.

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La alimentación es muy importante en nuestra vida ya que nuestra buena salud depende muchas veces de lo que ingerimos. Hay muchas personas que sin ser auténticos vegetarianos, prefieren alimentarse mayoritariamente con los frutos de la tierra, no sólo por creencia, sino también por amor a los animales, evitando en muchos casos su sufrimiento. Las ventajas de añadir proteínas de las frutas, verduras y frutos secos, en nuestra dieta en lugar de proteínas animales es que están libres de las bacterias y parásitos perjudiciales. (os puede interesar leer el artículo “Dieta natural del hombre”)

La frutoterapia es una forma de medicina alternativa, es una técnica que está basada en las proteínas, sales, vitaminas, minerales, etc. de las frutas, que actúan de forma beneficiosa en nuestro organismo. La palabra fruta (latín fructus) significa fruto, disfrutar, provecho. Albert Ronald Morales, está considerado el padre de la frutoterapia, después de muchos años de investigación pregona las bondades de las frutas y asevera que la fruto terapia es una ciencia donde poder encontrar soluciones naturales para algunas enfermedades. Según sus investigaciones, los higos serían la fruta adecuada para la mujer, porque es un estimulante de los ovarios y mejora  problemas poliquísticos, miomas, fibromas y, para la pérdida de estrógenos que sufren durante la menopausia y, la pera sería la fruta del hombre, porque sus propiedades ayudan a contrarrestar  las enfermedades de la próstata, problemas en el aparato reproductor y sexual masculino. A pesar de quedar ciego a causa de un accidente de trabajo, ha continuado con sus investigaciones trabajando en esta ciencia a través del tacto y del olfato.

Las frutas se clasifican por dulces, ácidas, semiácidas y neutras. Las frutas ácidas son excelentes para bajar el colesterol y el ácido úrico, las semi-ácidas son ricas en proteínas de alto valor biológico, las dulces son el grupo más amplio, son compatibles entre sí, ricas en vitaminas A, C, E, Complejo B12 y B 15 y las neutras son las más ricas en proteínas, vitaminas, sales minerales y oligoelementos.

Dulces: Albaricoque, Anón, Cereza, Ciruela, Papaya, Guanábana, Guayaba, Higo, Manzana, Melón, Níspero, Pera, Plátano

Ácidas: Berenjena, Chayote, Chirimoya, Guayaba, Limón, Manzana, Naranja, Pepino, Piña, Remolacha, Tamarindo, Toronja, Uva

Semiácidas: Caimito, Fresa, Guayaba, Lima, Malanga, Mamoncillo, Mandarina, Mango, Maní, Marañón, Melocotón, Rábanos, Sagú, Tomate

Neutras: Aceituna, Aguacate, Almendra, Avellana, Cacao, Cereza, Coco, Durazno, Maní, Nuez, Nuez moscada

Algunas observaciones:

Las frutas deben consumirse frescas y solas, sin mezclarlas con otro alimento.

Todas las frutas deben masticarse bien.

No se debe abusar de los zumos de frutas ácidas.

No es conveniente tomar fruta como postre o después de las comidas, dificulta la digestión. Puede tomarse una hora antes o una hora después.

Las verduras y las frutas no deben consumirse en la misma comida.

Las frutas dulces pueden consumirse a cualquier hora del día.

Las frutas cítricas deben consumirse antes de las dos de la tarde.

La naranja debe consumirse sola.

Recordad este viejo refrán:

La naranja por la mañana, oro, por la tarde, plata y por la noche, mata.

Los zumos deben consumirse frescos y lo antes posible, ya que fermentan y se transforman en fuente de dolores y enfermedades, pudiendo afectar al hígado y al cerebro.

Hay mezclas de frutos que son perjudiciales, tales como:

Las ensaladas de frutas sólo se deben hacer de frutas dulces. Hay frutas  que no se pueden mezclar, ya que producen reacciones químicas perjudiciales para el organismo, puesto que los aceites de las frutas neutras y los azúcares de las dulces, producen fermentos tóxicos para la vida celular. Tampoco son compatibles con las ácidas, pues al mezclarse los ácidos con los azúcares, retardan la formación de glucosa, permaneciendo más tiempo de lo normal en los intestinos, lo cual produce fermentaciones tóxicas.

No se deben mezclar:

Naranja con zanahoria: eleva la acidez, causa disfunciones en el hígado, estimula el exceso de bilis, potencia sustancias que agreden el sistema renal, produce agrieras, reflujo y deterioro de los uréteres.

Piña con Lácteos: es un tóxico tan poderoso, que revienta cucarachas, la bromelina que contiene la piña potencializa  los principios activos que disparan la intoxicación.

Papaya con limón: ocasiona problemas con la hemoglobina y produce anemia.

Guayaba con plátano: causa problemas de hiperacidez o acidosis.

Podéis obtener una información más amplia en: http://www.alimentacion-sana.org/

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No puedo estar más de acuerdo con esta interesante reflexión  de Nelson Torres, Doctor en Psiquiatría (UCV) y experto en PNIL (Psico-neuro-inmunolinguistica)

“EL CUERPO GRITA LO QUE LA BOCA CALLA” 

La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma.

Muchas veces…
El resfriado “chorrea” cuando el cuerpo no llora.
El dolor de garganta tapona cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estomago arde cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes invade cuando la soledad duele.
El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.
El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.
La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerante.
Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas

El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.
La presión sube cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Las rodillas duelen cuando tu orgullo no se doblega.
El cáncer mata cuando te cansas de “vivir”.

¿Y tus dolores callados? ¿Cómo hablan en tu cuerpo? La enfermedad te avisa que estás equivocado de camino.

Y yo digo: el conflicto es la expresión de una falta de armonía o equilibrio en nosotros, aunque bien es cierto que muchas veces no está en nuestra mano el evitarlo porque en algunos casos, lo ocasionan los demás, sin embargo, en otros está en nosotros el evitarlos o no aceptarlos. Probablemente la persona que prefiere continuar viviendo en constante conflicto, lo que busca realmente es atención, protagonismo, dar lástima etc. Son personas que tienen un trabajo a realizar en ellas mismas y sincerarse para saber qué es lo que les ocurre realmente. Lo que parece claro es que ese descontento tiene un significado y en la mayoría de las ocasiones, sólo está en su mano el solucionarlo, no en la de los demás. El peligro de contraer una enfermedad es mucho mayor cuando las fuerzas vitales son escasas, cuando emocionalmente estamos descontentos que cuando nos sentimos fuertes y felices. Y como por ahora, aún no tenemos a mano una panacea (Panacea es el nombre dado por los alquimistas a ciertos medicamentos a los que atribuían la virtud de curar todas las enfermedades. En la mitología griega Panacea era el nombre de una de las hijas de Esculapio, dios de la medicina),  piensa en esto: Si lo que estás haciendo no funciona, no te hace feliz: para, piensa, analiza y decide actuar de otra manera, continuar actuando del mismo modo y esperar resultados diferentes es absurdo.

Tampoco estaría de más meditar sobre este aforismo: No pidas a Dios una carga ligera para tus hombros; pídele unos hombros fuertes para soportar la carga.

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Estos son los Cinco Preceptos Espirituales basados en un escrito del Emperador japonés Meiji que el doctor Mikao Usui añadió a Reiki.

Sólo por hoy no te enfades

Sólo por hoy no te preocupes

Da las gracias por las bendiciones en tu vida

Trabaja honestamente

Se amable

“El Universo te dará lo que necesites, pero no siempre será lo que quieras”

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mandalaLa palabra Mandala procede del sánscrito y significa círculo sagrado o mágico. En todas las culturas humanas encontramos el mandala bajo muchas variantes. Tres principios ordenadores disponen la estructura de un mandala: el punto central, la irradiación desde el centro y la delimitación externa del círculo. El punto central es el misterioso núcleo espiritual energético, el ámbito en que nace toda existencia en espacio y tiempo. Todo mandala está concentrado en el núcleo, del que todo movimiento parte y al que todo conduce; el centro aparece como principio y fin de todos los caminos posibles. “Si quieres comprender el punto, explora el círculo”. El meditador contempla el mandala y concentra su espíritu, se hace consciente en la proyección sobre la imagen de sus propias fuerzas cognitivas anímico-espirituales. Contempla las relaciones de su compleja existencia multidimensional, la simultaneidad del devenir y el perecer y la Unidad inconmovible de todo Ser. Si la existencia nos ha conmocionado, si nuestra vida ha caído en el desorden, o nos vemos expuestos a circunstancias caóticas, vivimos enfermedades o desarmonías humanas o profesionales, es señal que se nos exhorta así a que nos transformemos y emprendamos nuevos caminos de integración. Entonces pueden aparecer en sueños mandalas curativos, restauradores de la totalidad, que podemos entender como formas de exteriorización de los esfuerzos autocurativos de nuestro organismo psicofísico. El Misterio de los Mandalas, Heita Copony). El mandala constituye una representación del universo y el orador ha de introducirse, concentrándose de forma paulatina en cada uno de sus estados y absorbiendo la lógica de su forma, de fuera hacia dentro. Existen numerosas reproducciones pictóricas e iconográficas de mandalas, desde pergaminos polícromos hasta el enorme monumento o piedra gigante de Borobudur (Java), pasando por las increíbles pinturas de arena del budismo tibetano. Una muy buena forma de relajación es colorear el gráfico de un mandala, pruébalo.

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