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Posts Tagged ‘Sócrates’

Soy una de esas personas bendecidas por el don de la fe, fe en Dios y fe en los hombres, y este artículo que quiero compartir con vosotros es la prueba que hay muchos seres de la nueva generación que se preocupan y les importa algo más que una vida material y vacía, personas que tienen la inquietud de “despertar”, se esfuerzan por mejorar su alma y tienen la inquietud de ayudar a los demás. Sócrates dijo: ¿No te parece vergonzoso cómo te preocupas por las riquezas, los honores y, en cambio, no te preocupas ni te interesas por la inteligencia, por la verdad y por como mejorar tu alma? y también dijo: “habla para que yo te conozca” Borja ha hablado y merece la pena escucharlo (en este caso leerlo)

El examen del triple filtro

En numerosas ocasiones caemos en conversaciones que derivan en críticas, chismorreos, medias verdades, interpretaciones parciales y juicios vanos y gratuitos de lo más despiadados. Es como si nos convirtiésemos en verdugos e hiciéramos pasar a algún conocido, amigo o familiar por el cadalso, camino de una pendular experiencia con una soga, a paso lento, empujado por sordos golpes de tambor en agónico redoble. Sin posibilidad de defensa, con el comentario de uno, se enciende el otro y el de más allá, que un cuarto, con una aportación extra, agranda la onda expansiva de la opinión y acabamos entrando todos al trapo, volviéndonos locos en un mar de críticas sobre una “víctima” acorralada, indefensa y además ausente por lo general.

La historia que ahora comparto con vosotros, se cuenta de Sócrates, y pido que la tengamos presente cuando en nuestro entorno y/o en las reuniones sociales en las que participemos, estemos en la tentación de caer en el juicio fácil, la crítica, el despellejamiento público o la simple “maledicencia” de quien sea. La historia dice así:

En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos. Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:

¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

Espera un minuto -replicó Sócrates-. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.

¿Triple filtro?

Correcto -continuó Sócrates-. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir, es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.

El primer Filtro es el de la Verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y…

Está bien -dijo Sócrates-. Entonces realmente no sabes si es cierto o no.

Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el Filtro de la Bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

No, por el contrario…

Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto.

 

Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro: el Filtro de la Utilidad.

¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

No, la verdad es que no.

Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para qué querría saberlo?

Estoy convencido que si aplicamos estos filtros en nuestras conversaciones, nuestras relaciones sociales serían más limpias, más sanas y sobre todo más auténticas. El respeto cobraría fuerza y la aceptación del “legitimo otro” nos haría comprender cuan fácil es convivir y lo mucho que nos lo complicamos.

Cuando criticamos, estamos enjuiciando, y para enjuiciar hacen falta pruebas, hechos, datos concretos y específicos, veraces y contrastables… no valen interpretaciones convenidas, otros juicios tomados de terceras personas y emitidos como propios. Seamos responsables en nuestras relaciones, juguemos limpio. Muchas veces un silencio puede decir mucho más y compromete mucho menos.

¡Sé el cambio que quieres en el mundo!… como decía Ghandí.

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Había una vez un rey que tenía cuatro esposas. Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás, la obsequiaba con ricas vestiduras y la complacía en todo lo que deseara. También amaba mucho a su tercera esposa, presumía de su belleza y la mostraba en los reinos vecinos. También amaba a su segunda esposa, era paciente, y bondadosa con él. Era su confidente y cada vez que tenía un problema ella le ayudaba a superar los tiempos difíciles. La primera esposa del rey era una compañera leal y abnegada que le había ayudado a mantener la riqueza y el reino del monarca. Sin embargo él no la amaba y aunque ella le amaba profundamente él apenas le prestaba atención.

Un día, el rey enfermó y los médicos le dijeron que le quedaba poco tiempo de vida. Meditó acerca de su vida repleta de lujos y caviló: Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero, cuando muera estaré solo. Así que le preguntó a su cuarta esposa:

Te he amado más que a las demás, te he regalado las mejores vestimentas y te he cuidado con sumo esmero; ahora que me muero, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

¡ni pensarlo! Contestó su cuarta esposa, y se alejó sin decir más. Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo afilado.

El entristecido monarca le preguntó a su tercera esposa:

Te he amado toda mi vida, ahora me estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

¡no! Contestó su tercera esposa, la vida es demasiado buena, cuando mueras pienso volver a casarme. Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se quedó frío.

Entonces le preguntó a su segunda esposa: siempre te he buscado cuando tenía problemas y siempre has estado a mi lado en los malos momentos; cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

Lo siento, contestó su segunda esposa, en esta ocasión no puedo ayudarte, lo más que puedo hacer por ti es enterrarte. Su respuesta fue como un relámpago; entonces escuchó una voz que le decía:

Me iré contigo y te seguiré donde quieras que vayas. El rey dirigió su mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa. Le prestó atención y vio que estaba delgada y desnutrida; profundamente afectado el monarca pensó:

Debí atenderla mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo.

En la realidad de nuestras vidas, tenemos cuatro esposas. Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo; no importa cuánto tiempo y esfuerzo invirtamos en él, nos dejará cuando muramos.

Nuestra tercera esposa son nuestras posesiones, condición social y riquezas; cuando muramos irán a parar a otras manos.

Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos; no importa cuánto apoyo nos hayan dado, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.

Y, nuestra primera esposa es nuestra alma; frecuentemente ignorada en la búsqueda de la fortuna, el poder y los placeres del ego. Sin embargo, nuestra alma es la única que nos acompañará donde quiera que vayamos.¡cuídala! es tu bien más preciado.

El filósofo griego, Sócrates (470-399 a.C.) dijo: ¿no te parece vergonzoso cómo te preocupas por las riquezas, los honores y, en cambio no te preocupas ni te interesas por la inteligencia, por la verdad y por mejorar tu alma?

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HabasUn padre económicamente acomodado, quiso que su hijo supiera lo que de verdad era la pobreza, así se le ocurrió llevar a su hijo a pasar unos días con una humilde familia campesina. Pasaron unos pocos días en la vivienda de los campesinos y, en el camino de vuelta a su hogar el padre le pregunta al hijo: ¿qué te ha parecido la experiencia?
Buena, contestó el hijo con el semblante algo serio. Y… ¿qué aprendiste? El hijo contestó:

Que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro.
Nosotros tenemos una piscina con agua estancada en la mitad del jardín… y ellos tienen un río de agua cristalina con peces, flores y un precioso paisaje.
Nosotros tenemos lámparas importadas para alumbrar nuestro jardín… y ellos se iluminan con la luna y las estrellas.
Nuestro jardín llega hasta la cerca…y el de ellos llega al horizonte.
Nosotros tenemos que comprar la comida y ellos siembran y cosechan la suya.
Nosotros oímos música en CD… y ellos escuchan la maravillosa sinfonía de la naturaleza.
Nuestra comida la cocinamos en una cocina eléctrica y su comida tiene ese magnífico sabor a fuego de leña.
Nosotros necesitamos protegernos con puertas, muros y alarmas y… ellos viven con sus puertas abiertas protegidos por la amistad de sus vecinos.
Nosotros vivimos “conectados” al móvil, al ordenador, al televisor y… ellos en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, a la montaña, a los animales, a su siembra, a su familia…

El padre estaba entre sorprendido e impactado por la profundidad del razonamiento de su hijo… entonces el hijo le dijo:

Gracias papá por haberme enseñado lo pobres que somos.

Muchos antes que nosotros comprendieron que la riqueza material nunca nos hará plenamente felices; este hijo supo “ver” en esta experiencia. Tal como decía Aldous Huxley (1894-1963) “La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”. El filósofo griego Sócrates (470-399 a C.) preguntaba: ¿no te parece vergonzoso cómo te preocupas por las riquezas y los honores y, en cambio no te preocupas por la verdad y por cómo mejorar tu alma?

En un camino del bosque, iba un hombre suspirando por lo pobre que era, ya que por toda comida tenía un puñado de habas, según se las iba comiendo tiraba las vainas al suelo. De pronto sintió unos pasos que le seguían, miró hacia atrás y vio que otro hombre más pobre que él recogía y comía las cáscaras que él había desechado.
Debemos comprender lo que realmente tiene valor en el transcurso de nuestra vida.

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500Me causa estupor e incredulidad, oír como unos hijos demandaban la herencia de sus padres en vida. Comentaban: es que lo que tienen mis padres es mío por derecho y queremos heredar ahora para poder disfrutarlo cuando somos jóvenes. Y, yo me pregunto. ¿y lo de los hijos, es también de los padres por derecho? ¿cuando a tus padres les falte se lo vas a dar?. Obviamente esto es generalizar, habrá unos que sí y otros que no. A sido un gran desconsuelo para mí ver más de una vez como después de recibir una herencia en vida, los herederos les han negado hasta lo más básico, ya que según ellos sus padres apenas necesitan nada. Herencia, poca o mucha que los padres les han entregado con amor y en la confianza de que esos hijos jamás les negarían una ayuda posterior si fuera necesario. Ayudar a los hijos en todos los sentidos además de una obligación, es una satisfacción, ya que dar es una de las mayores satisfacciones que uno puede experimentar. Sonrío cuando recuerdo la frase del filósofo griego, Sócrates: Los jóvenes hoy en día son unos tiranos; contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan el respeto a sus maestros. Sócrates nació en el año 399 a C., ¿qué diría ahora? Mientras más dinero tenemos, más queremos y más cosas deseamos, pero con el tiempo comprendemos que el dinero no sólo no da la felicidad, sino que la felicidad está en compartirlo. Cuando inicies el gran viaje, todo lo material quedará aquí, no podrás llevarte nada, absolutamente nada, ¿para qué atesorar más de lo que en verdad necesitas? Lo que sí podrás llevarte son tus buenas obras, ¿qué mejor equipaje?, ¿qué mayor satisfacción? Pero referente a las ayudas materiales a los hijos, deberíamos ser cautos, porque como dice mi madre es mejor poder dar cinco que tener que pedir dos. Debemos tener la precaución de guardar un poquito para cubrir nuestras necesidades básicas hasta el fin de nuestros días sin tener que pedírselas a nadie, ni siquiera a los hijos. El dinero no da la felicidad, pero tener lo necesario en la vejez aporta tranquilidad y, no tener que pedirlo, es un sosiego para al espíritu. La mejor “herencia” que podemos y debemos dejar a nuestros hijos es un buen ejemplo, y, como dijo Einsten: Dar el ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera. Y, si nos es posible, darles la oportunidad de una formación intelectual. Será lo único que nunca podrán perder. El conocimiento siempre les acompañará, aún en los momentos más adversos. Pero asimismo, debemos tener nuestros asuntos legales en perfecto orden, me refiero a que debemos proteger a nuestros hijos dejando nuestra voluntad escrita. No creas ni por un momento que el hecho de hacer un testamento hará que mueras antes, (quizás lo contrario, ya que basta que tengas todo en orden para que no ocurra nada) eso sería una superstición, y, yo no creo en las supersticiones. Al hacer referencia a la conveniencia de hacer testamento, no me refiero sólo a los bienes materiales, sino a la tutela si los hijos son menores de edad. Si tú no estás, debes decidir quién crees que educará a tus hijos con más cariño y protección, quien decidirá lo mejor para ellos. Es una muestra de amor facilitarles la vida si tú ya no estás para hacerlo. Quizás hayas oído esta frase que dice que deberíamos vivir todos los días como si fuera el último sin tener que arrepentirnos de nada al acostarnos. ¿por qué no intentarlo?

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Sócrates (470 – 399 a C) dijo: La verdadera sabiduría consiste en conocer la propia ignorancia. Dicen que la ignorancia da la felicidad, es posible que sea cierto, ya que si ignoras la existencia de algo, no la deseas y si no tienes conocimiento de ciertos hechos, no sufres. Pero también es igualmente cierto que la ignorancia es muy atrevida y que gracias a ella hace que determinadas personas debido a su desconocimiento, sean intolerantes en determinados temas tales como la homosexualidad. Desconfío de las personas sumamente intolerantes y poco comprensivas con las relaciones y sentimientos humanos. ¿No tendrán alguna verdad que esconder? quizás sabida o ignorada. Dice un proverbio chino: antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa.
Tal como nos explica Francisco J. Rubia en su libro, El Sexo del Cerebro, el sexo genético es el que está determinado por los genes. De los 46 cromosomas que tenemos, 23 del padre y 23 de la madre, 22 son coincidentes y los dos restantes son cromosomas sexuales, X e Y. Las hembras tienen dos cromosomas X, uno de cada uno de los padres (XX) y los varones tienen un cromosoma X de la madre y un cromosoma Y del padre (XY). El sexo gonadal se refiere a los órganos productores de células masculinas y femeninas, que son los testículos y los ovarios; Durante las primeras seis semanas de gestación, las gónadas se encuentran en un estadio indiferenciado del que se pueden desarrollar tanto ovarios como testículos. Aproximadamente, a las seis o siete semanas de gestación, la determinación del sexo de las gónadas es impulsada por un gen localizado en el cromosoma Y llamado SRY. En presencia de SRY, la gónada que es bipotencial, se desarrolla como testículo, si está ausente se desarrolla un ovario. Queda claro que el sexo femenino es el sexo por defecto, es decir, que sin ninguna intervención, todos los organismos serían femeninos. Así los varones que no tienen SRY en el cromosoma Y, desarrollan ovarios y parecen hembras. El síndrome de Turner es un trastorno genético en el que una mujer hereda solamente un cromosoma X en vez de dos, proviniendo tanto de la madre como del padre, teniendo por tanto el genotipo XO. El síndrome de Klinefelter, se caracteriza por la presencia de un cromosoma X adicional de manera que tienen un genotipo XXY lo que les da ciertas características físicas. También nos habla Francisco J. Rubia de las personas con 47 cromosomas, de los cuales dos son Y, es decir con genotipo XYY con unas determinadas características de comportamiento, y que dependiendo de las circunstancias, determinadas estructuras cerebrales serán más del tipo femenino o del tipo masculino, y que es el cerebro el que determina la conducta, según sea el cerebro desde el punto de vista sexual, así será la conducta que el individuo manifieste. Además me ha parecido muy curioso saber que en las diversas especies de animales, se pueden encontrar todo tipo de comportamientos sexuales como en los seres humanos, como por ejemplo la homosexualidad, el travestismo y la transexualidad, que muchos consideran perversiones, enfermedad o anormalidad. Y para mi sorpresa, la oferta de regalos a cambio de sexo, es decir, el sexo como mercancía entre animales. ¿Quién sabe? Quizás después de leer estas líneas con una explicación científica sobre la sexualidad (mejor leer el libro) algunos se planteen la posibilidad de ver otros comportamientos que no sean heterosexuales de forma diferente y sean más condescendientes a la hora de apuntar con el dedo. ¿Seremos capaces algún día de ver a los demás como seres espirituales independientemente de su forma física? ¿llegaremos a ver a los demás por dentro, sin preocuparnos por su sexo, su status, su cultura, su economía, etc. La armonía debería ser la regla de oro de la vida, aunque nuestro comportamiento y nuestros pensamientos difieran unos de otros. Aprendamos a vivir juntos respetándonos, sin señalar con el dedo al prójimo cuando algo no nos agrade o nuestros pensamientos no coincidan, recuerda el proverbio que dice que cuando apuntas con el dedo, tres dedos te señalan a ti. No quiere decir que todos debamos pensar, hablar y comportarnos de igual manera, pero sí que debemos abrir nuestra mente y ser mucho más tolerantes con comportamientos diferentes al nuestro. Tenemos derecho a la libertad de pensar y actuar como más nos convenga, pero también conceder el mismo derecho a los demás. Le dedico este artículo a mi queridísimo amigo Ra.

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