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Enoc, también Henok, en el Antiguo testamento (Génesis 4,17-18), hijo de Caín y padre de Irad. En otro momento (Génesis 5,18-21), Enoc era hijo de Yéred y padre de Matusalén. La palabra, por tanto, parece que corresponde al nombre propio hebreo de varios personajes bíblicos. Es posible que la figura patriarcal de Enoc tenga su origen en un mito solar, que más tarde asumió una considerable importancia en el pensamiento judío. La más destacada de las leyendas tradicionales asociaba a Enoc con su “traslación”, es decir, haber sido llevado al cielo sin haber muerto. Esta tradición se basaba en el Génesis 5,24: “Enoc anduvo con Dios y desapareció, porque Dios se lo llevó”. Este versículo ejerció gran influencia sobre el desarrollo de conceptos sobre la inmortalidad en el Antiguo Testamento.

 

El Libro de Enoc es una colección de escritos, la obra más larga incluida en los pseudoepígrafos; primero y más importante de los Apocalipsis. Este libro se atribuye al patriarca hebreo Enoc, también se lo denomina  Enoc Etíope, ya que los textos se han conservado en su integridad sólo en etíope, un idioma arcaico semita hablado en Etiopía. El libro es un conjunto de diversas secciones escritas por varios autores en distintos momentos de los siglos II y I a.C. Los especialistas han llegado a la conclusión de que la obra original fue escrita en hebreo o en arameo. Poco después se tradujo al griego. Se cree que la traslación al etíope se realizó a partir del griego, en torno al 500 d.C. Partes del Enoc Etíope sobreviven en griego, latín y arameo, en este último caso en los manuscritos descubiertos en Qumran, Jordania. El libro consta de siete secciones. La primera (capítulos 1 al 5) presenta el tema de fondo del libro, el inminente juicio de Dios. La segunda (capítulos 6 al 36) cuenta las desventuras de la horda de ángeles caídos y de los recorridos de Enoc por los lugares del castigo y de la recompensa finales. La tercera sección (capítulos 37 al 71) predice la llegada del Mesías, quien juzgará a todos, seres angélicos y humanos. Describe a su vez el paradisíaco futuro reino de Dios. La cuarta sección (capítulos 72 al 82) incluye revelaciones acerca de las criaturas celestiales, como por ejemplo los enfrentamientos que se producirán entre ellas cuando se acerquen los últimos días del mal. La quinta sección (capítulos 83 al 90) contiene las visiones de Enoc de un diluvio enviado para castigar al mundo por su perversidad y la posterior instauración del reino mesiánico. La sexta sección (capítulos 91 al 105) consuela a los justos, les insta a mantenerse así, y condena a los injustos prediciendo su final. En esta sección Enoc divide la totalidad de la historia humana en 10 semanas de diferente duración (que simbolizan otras tantas épocas), cada una caracterizada por personajes o acontecimientos especiales; por ejemplo, la cuarta semana la protagoniza Moisés; la séptima trata de una degeneración universal. En la décima y última semana el antiguo cielo será reemplazado por uno nuevo y eterno. En la última sección (capítulos 106 y 107), la culminante, vuelve a hablarse del diluvio, de la posterior repetición de la era de la depravación y de los castigos y premios que llegarán cuando el Mesías instaure su reino. Los primeros cristianos tenían en gran estima el Libro de Enoc, pero a excepción de sus poco frecuentes referencias al mismo, poco se sabía acerca de la obra hasta que a finales del siglo XVIII se descubrieron en el noreste de África tres manuscritos íntegros en etíope. Los especialistas modernos lo consideran importante porque muchos de sus conceptos e incluso su terminología, son muy similares a conceptos escatológicos posteriores y a libros y pasajes apocalípticos del Nuevo Testamento.

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