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LA MALETA

Un hombre murió, y se dio cuenta que Dios se le acercaba llevando una maleta consigo.     BAG

Dios le dijo:

Bien hijo, es hora de irnos.

El hombre asombrado preguntó:

¿Ya? ¿Tan pronto? Tenía tantos planes…

Lo siento pero es el momento de tu partida.

¿Qué traes en la maleta? Preguntó el hombre; y Dios le respondió:

Tus pertenencias.

¿Mis pertenencias???

¿Traes mis cosas, mi ropa, mi dinero?

Dios le respondió:

Eso nunca te perteneció, eran de la tierra.

¿Traes mis recuerdos?

Esos nunca te pertenecieron, eran del tiempo.

¿Traes mis talentos?

Esos no te pertenecieron, eran de las circunstancias.

¿Traes a mis familiares y amigos?

Lo siento, ellos nunca te pertenecieron, eran del camino.

¿Traes a mi mujer y a mis hijos?

Ellos nunca te pertenecieron, eran de tu corazón.

¿Traes mi cuerpo?

Nunca te perteneció, ese era del polvo.

¿Entonces traes mi alma?

¡No! Esa es mía.

Entonces el hombre lleno de miedo le arrebató la maleta a Dios y al abrirla se dio cuenta que estaba vacía…

Con una lágrima de desamparo brotando de sus ojos, el hombre dijo:

¿Nunca tuve nada?

Sí, cada uno de los momentos que viviste fueron solo tuyos,

La vida es solo un momento… ¡¡¡ Un momento tuyo!!!

Por eso, mientras estés a tiempo disfrútala en su totalidad.

Que nada de lo que crees que te pertenece te detenga…

¡¡¡Vive el ahora!!!

¡¡¡Vive tu vida!!!

Las cosas materiales y todo lo demás por lo que luchaste, se quedan aquí.

NO TE LLEVAS NADA                                                                                                                                                                           RETORNO

No te olvides de SER FELIZ, es lo único que realmente vale la pena y, recuerda:

Felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces, está en armonía. (Gandhi)

 
Existen dos días en el año en que no se puede hacer nada. Uno es el ayer y otro el mañana. Por lo tanto hoy es el día ideal para amar, creer, hacer y principalmente vivir. (Tenzin Gyatso 14º y actual Dalai Lama, el líder espiritual del Tíbet)

 

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Soy una de esas personas bendecidas por el don de la fe, fe en Dios y fe en los hombres, y este artículo que quiero compartir con vosotros es la prueba que hay muchos seres de la nueva generación que se preocupan y les importa algo más que una vida material y vacía, personas que tienen la inquietud de “despertar”, se esfuerzan por mejorar su alma y tienen la inquietud de ayudar a los demás. Sócrates dijo: ¿No te parece vergonzoso cómo te preocupas por las riquezas, los honores y, en cambio, no te preocupas ni te interesas por la inteligencia, por la verdad y por como mejorar tu alma? y también dijo: “habla para que yo te conozca” Borja ha hablado y merece la pena escucharlo (en este caso leerlo)

El examen del triple filtro

En numerosas ocasiones caemos en conversaciones que derivan en críticas, chismorreos, medias verdades, interpretaciones parciales y juicios vanos y gratuitos de lo más despiadados. Es como si nos convirtiésemos en verdugos e hiciéramos pasar a algún conocido, amigo o familiar por el cadalso, camino de una pendular experiencia con una soga, a paso lento, empujado por sordos golpes de tambor en agónico redoble. Sin posibilidad de defensa, con el comentario de uno, se enciende el otro y el de más allá, que un cuarto, con una aportación extra, agranda la onda expansiva de la opinión y acabamos entrando todos al trapo, volviéndonos locos en un mar de críticas sobre una “víctima” acorralada, indefensa y además ausente por lo general.

La historia que ahora comparto con vosotros, se cuenta de Sócrates, y pido que la tengamos presente cuando en nuestro entorno y/o en las reuniones sociales en las que participemos, estemos en la tentación de caer en el juicio fácil, la crítica, el despellejamiento público o la simple “maledicencia” de quien sea. La historia dice así:

En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos. Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:

¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

Espera un minuto -replicó Sócrates-. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.

¿Triple filtro?

Correcto -continuó Sócrates-. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir, es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.

El primer Filtro es el de la Verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y…

Está bien -dijo Sócrates-. Entonces realmente no sabes si es cierto o no.

Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el Filtro de la Bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

No, por el contrario…

Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto.

 

Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro: el Filtro de la Utilidad.

¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

No, la verdad es que no.

Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para qué querría saberlo?

Estoy convencido que si aplicamos estos filtros en nuestras conversaciones, nuestras relaciones sociales serían más limpias, más sanas y sobre todo más auténticas. El respeto cobraría fuerza y la aceptación del “legitimo otro” nos haría comprender cuan fácil es convivir y lo mucho que nos lo complicamos.

Cuando criticamos, estamos enjuiciando, y para enjuiciar hacen falta pruebas, hechos, datos concretos y específicos, veraces y contrastables… no valen interpretaciones convenidas, otros juicios tomados de terceras personas y emitidos como propios. Seamos responsables en nuestras relaciones, juguemos limpio. Muchas veces un silencio puede decir mucho más y compromete mucho menos.

¡Sé el cambio que quieres en el mundo!… como decía Ghandí.

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