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Posts Tagged ‘Dios’

Siento que la Madre Naturaleza está enfadada con nosotros, está claro que no se CINCO CONTINENTESconsidera bien tratada. Y, tal como hacemos los humanos, siente que todo tiene su límite, es decir, hasta aquí hemos llegado. Y así, actúa como cualquier Madre cansada de avisar a sus hijos una y otra vez que recojan, limpien, y ordenen su habitáculo. Primero da avisos y, después cansada de los avisos infructuosos, tira la toalla; es decir, se rinde y toma medidas más drásticas. Y, tal como se hace con los niños pequeños que no recogen sus cosas, mete en una bolsa todo lo desperdigado por la casa y amenaza con tirarlo a la basura, a sabiendas que de esa forma reaccionarán y empezarán entonces a colocar todo en su sitio. La Madre Naturaleza no sólo nos amenaza, sino que nos obliga ahora a parar, a meditar, a cambiar nuestros hábitos de conducta, a no ir por libre, a darnos cuenta que nos necesitamos los unos a los otros, que no todo vale. Nos conduce por el camino de la solidaridad, un camino al parecer olvidado. El Universo, a su manera quiere restablecer la armonía perdida, quiere compensar las consecuencias que el cambio climático ha causado. Y sin previo aviso, decide cortar por lo sano permitiendo que nos llegue un enemigo invisible que nos agrede a todos por igual, seamos de la raza, economía, cultura, ideología, edad, o profesión que seamos. Nos impulsa a estar confinados, a no tener contacto físico, a aprender a convivir horas y horas con nuestras familias intentando evitar el enfrentamiento y el conflicto. (conflicto es la expresión de una falta de armonía o equilibrio en una persona) y, puede que sea ésta la oportunidad que tengan estas personas conflictivas para buscar en su interior la verdadera razón de su conflicto. El artículo fácil o difícil es una buena guía para meditar sobre la convivencia. 

Confío en que de nuevo aprendamos a valorar el tiempo, los abrazos, el contacto, las palabras…

Qué triste tener que llegar a situaciones límites por simple desidia. En nuestra defensa no podemos argüir que no sabíamos que con nuestro incívico comportamiento podríamos llegar a esta situación. Pitágoras decía:

Educa a los niños y no será necesario castigar a los hombres.

Reflexionemos ahora en cómo queremos que sea el mundo mañana y cómo podemos contribuir para mejorarlo. Ya no somos cinco continentes, somos sólo uno. La buena noticia es que ya el aire es más limpio, más respirable, las aguas más cristalinas, al parecer en los canales de Venecia se ven peces dónde antes sólo se veía oscuridad. Qué lástima que no aprendiéramos el significado de la frase: “aprecia lo que tienes, antes que se convierta en lo que tuviste”.

Ahora es nuestra oportunidad de rectificar, de tomar las decisiones adecuadas, de dar valor y prioridad a lo que realmente lo tiene. Todo lo material es temporal y, aunque muchos se empeñen en vivir acumulando bienes materiales como si fueran a quedarse aquí eternamente, que no olviden que, al partir, NO TE LLEVAS NADA, sólo nuestras buenas acciones.

Inmersos en una sociedad que nos deniega tiempo para pensar, meditar, buscar y encontrar el motivo por el cual hemos venido a esta vida, ahora por fin nos encontramos con ese bien tan preciado que es el tiempo para poder entender que el egoísmo nunca aportará a nuestra alma ningún bien. En cambio, la generosidad nos dará muchas satisfacciones. No nos desanimemos, ya sabes, el desánimo puede empañarte el espejo por las mañanas, pero no puede impedir que veas quién eres y a dónde quieres llegar. A estas alturas de la vida, por pura experiencia empírica, acepto como cierto, el proverbio lapón que dice “una gema no se pule sin fricción, ni un hombre se perfecciona sin pruebas”

Somos todos iguales, nacemos y una vez cumplido nuestro destino morimos. Pero más importante que el destino, es cómo recorremos el camino. Ahora quizás sea el momento de releer el artículo:La maleta

Mi Madre siempre decía que mortaja del cielo baja. Ahora ha tenido que ser el Covid-19 el que nos haga comprender y dar sentido a este refrán italiano: una vez terminado el juego el rey y el peón vuelven a la misma caja.

“lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo”, este proverbio árabe, nos dice ahora, que aprovechemos nuestro presente. Cambiemos de actitud, erradiquemos la negatividad. El mayor poder destructivo del pensamiento reside en la influencia negativa que nuestra propia actitud mental es capaz de ejercer sobre nosotros si le damos esa posibilidad. Llenemos el mundo de energía positiva, mostremos a quienes sólo perciben energía negativa a su alrededor que lo que se irradia es lo que se obtiene, lo que fomentamos es lo que atraemos. La voluntad del hombre puede influir en la Providencia cuando se es un alma buena que cuenta con el apoyo del cielo, porque estamos bajo su divina tutela.

Me gusta pensar que lo que mueve el mundo es el AMOR y no el dinero o el poder y, si no es así, LO SERÁ. Es cuestión de paciencia, don que se ha convertido ahora en nuestra meta. Os voy a recordar este pequeño gran cuento que leí en el libro Múltiples Moradas de Gina Cerminara:

Un caracol, una fría mañana de invierno empezó a subir por el tronco congelado de un cerezo. Mientras se movía lentamente hacia arriba, un escarabajo sacó la cabeza por una grieta del árbol y dijo: ¿Qué haces? voy a comer cerezas. Estás perdiendo el tiempo, no hay cerezas arriba.” El caracol prosiguió su camino y contestó: Las habrá cuando llegue.

Dice un refrán persa que la paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces.

Una cosa más, en la medida de los posible, atended y cuidad de los mayores. Ellos os han dedicado una gran cantidad de su “tiempo” en detrimento de sus necesidades personales.

Jorge Cafrune en fragmentos de Martín Fierro canta así: La cigüeña cuando es vieja pierde la vista y, procuran en su edad madura, cuidarlas sus hijas pequeñas, aprendan de las cigüeñas este ejemplo de ternura.

Hasta que el polvo se asiente, durante un tiempo nos veremos “obligados” vivir un tiempo de introspección.

Ten fe en Dios, ten fe en la vida. Inténtalo otra vez.

 

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Esto también es del tiempo viejo, cuando Dios se revelaba en sueños. O al menos la gente todavía acostumbraba a soñar con Dios. Y era con Dios que CRUCESnuestro caminante había estado dialogando toda aquella tarde. Tal vez sería mucho hablar de diálogo, ya que no tenía muchas ganas de escuchar sino de hablar y desahogarse.
El hombre cargaba una buena estiba de años, sin haber llegado a viejo. Sentía en sus piernas el cansancio de los caminos, luego de haber andado toda la tarde bajo la fría llovizna, con la mochila al hombro y bordeando las vías del ferrocarril hacía tiempo que se había largado a vagabundear, abandonando, vaya a saber por qué, su familia, su paga y sus amigos. Un poco de amargura guardaba por dentro, y la había venido rumiando despacio como para acompañar la soledad.
Finalmente llegó mojado y aterido hasta la estación del ferrocarril, solitaria, a la costa de aquello que hubiera querido ser un pueblecito, pero que de hecho nunca pasó de ser un conjunto de casas que actualmente se estaban despoblando. No le costó conseguir permiso para pasar la noche al reparo de uno de los grandes galpones de cinc. Allí hizo un fueguito, y en un tarro que oficiaba de ollita recalentó el estofado que le habían dado al mediodía en la estancia donde pasara la mañana. Reconfortado por dentro, preparó su cama: un trozo de plástico negro como colchón que evitaba la humedad. Encima dos o tres bolsas que llevaba en la mochila, más un par de otras que encontró allí. Para taparse tenía una cobija vieja, escasa de lana y abundante en vida menuda. Como quien se espanta un peligro de enfrente, se santiguó y rezó el Bendito que le enseñara su madre.
Tal vez fuera la oración familiar la que lo hizo pensar en Dios. Y como no tenía otro a quien quejarse, se las agarró con el Todopoderoso reprochándole su mala suerte. A él tenían que tocarle todas. Pareciera que el mismo Tata Dios se las había agarrado con él, cargándole todas las cruces del mundo. Todos los demás eran felices, a pesar de no ser tan buenos y decentes como él. Tenían sus camas, su familia, su casa, sus amigos. En cambio aquí lo tenía a él, como si fuera un animal, arrinconado en un galpón, mojado por la lluvia y medio muerto de hambre y de frío. Y con estos pensamientos se quedó dormido, porque no era hombre de sufrir insomnios por incomodidades. No tenía preocupaciones que se lo quitaran. En el sueño va y se le aparece Tata Dios, que le dice:
Vea, amigo. Yo ya estoy cansado de que los hombres se me anden quejando siempre. Parece que nadie está conforme con lo que yo le he destinado. Así que desde ahora le dejo a cada uno que elija la cruz que tendrá que llevar. Pero que después no me vengan con quejas. La que agarren tendrán que cargarla para el resto del viaje y sin protestar. Y como usted está aquí, será el primero a quien le doy la oportunidad de seleccionar la suya, vea, acabo de recorrer el mundo retirando todas las cruces de los hombres, y las he traído a este galpón grande. Levántese y elija la que le guste.
Sorprendido el hombre, mira y ve que efectivamente el galpón estaba que hervía de cruces, de todos los tamaños, pesos y formas. Era una barbaridad de cruces las que allí había: de hierro, de madera, de plástico, y de cuanta material uno pudiera imaginarse.
Miró primero para el lado que quedaban las más chiquitas. Pero le dio vergüenza pedir una tan pequeña. El era un hombre sano y fuerte. No era justo siendo el primero quedarse con una tan chica. Buscó entonces entre las grandes, pero se desanimó enseguida, porque se dio cuenta que no le daba el hombro para tanto. Fue entonces y se decidió por una de tamaño medio: ni muy grande, ni tan chica.
Pero resulta que entre éstas, las había sumamente pesadas de quebracho, y otras livianitas de cartón como para que jugaran los muchachos. Le dio no sé qué elegir una de juguete, y tuvo miedo de cargar con el esfuerzo de una de las pesadas. Se quedó a mitad de camino, y entre las medianas de tamaño prefirió una de peso regular.
Faltaba con todo tomar aún otra decisión. Porque no todas las cruces tenían la misma terminación. Las había lisitas y parejas, como cepilladas a mano, lustrosas por el uso. Se acomodaban perfectamente al hombro y de seguro no habrían de sacar ampollas con el roce. En cambio había otras brutas, fabricadas a hacha y sin cuidado, llenas de rugosidades y nudos. Al menor movimiento podrían sacar heridas. Le hubiera gustado quedarse con la mejor que vio. Pero no le pareció correcto. El era hombre de campo, acostumbrado a llevar la mochila al hombro durante horas. No era cuestión ahora de hacerse el delicado. Tata Dios lo estaba mirando, y no quería hacer mala letra delante de Él. Pero tampoco andaba con ganas de hacer bravatas y llevarse una que lo lastimara toda la vida.
Se decidió por fin y tomando de las medianas de tamaño, la que era regular de peso y de terminado, se dirigió a Tata Dios diciéndole que elegía para su vida aquella cruz.
Tata Dios lo miró a los ojos, y muy en serio le preguntó si estaba seguro de que se quedaría conforme en el futuro con la elección que estaba haciendo. Que lo pensara bien, no fuera que más adelante se arrepintiera y le viniera de nuevo con quejas.
Pero el hombre se afirmó en lo hecho y garantizó que realmente lo había pensado muy bien, y que con aquella cruz no habría problemas, que era la justa para él, y que no pensaba retirar su decisión. Tata Dios casi riéndose le dijo:
-Ven, amigo. Le voy a decir una cosa. Esa cruz que usted eligió es justamente la que ha venido llevando hasta el presente. Si se fija bien, tiene sus iniciales y señas. Yo mismo se la he sacado esta noche y no me costó mucho traerla, porque ya estaba aquí. Así que de ahora en adelante cargue su cruz, sígame, y déjese de protestas, que yo sé bien lo que hago y lo que a cada uno le conviene para llegar mejor hasta mi casa.
Y en ese momento el hombre se despertó, todo dolorido del hombro derecho por haber dormido incómodo sobre el duro piso del galpón.
A veces se me ocurre pensar que si Dios nos mostrara las cruces que llevan los demás, y nos ofreciera cambiar la nuestra, cualquiera de ellas, muy pocos aceptaríamos la oferta. Nos seguiríamos quejando lo mismo, pero nos negaríamos a cambiarla. No lo haríamos, ni dormidos.

Por Mamerto Menapace, publicado en Cuentos rodados, Editorial Patria Grande
Todo está bien, todo está como debe estar. Cuando comprendamos que para todo hay una razón, que para todo hay un por qué, cuando comprendamos esto, la paz y la serenidad llegará a nuestros corazones. El artículo de los Cuatro Principios espirituales, quizás haga que lo entendáis con mayor facilidad.

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DIOS EXISTE

Como ya sabéis, me gusta compartir lecturas con significado para que mis coetáneos y no coetáneos adquieran una comprensión mayor sobre los beneficios de emanar espiritualidad y una buena energía.

Un hombre fue a una barbería a cortarse el pelo y recortarse la barba. Como es costumbre en estos casos, entabló una amena conversación con la persona que le atendía.

Hablaban de muchas cosas y tocaron varios temas. De pronto, hablaron de Dios. El barbero dijo:

Fíjese caballero, que yo no creo que Dios exista, como usted dice…

– Pero, ¿por qué dice usted eso? – preguntó el cliente.

– Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe, o dígame, acaso si Dios existiera, ¿habrían tantos enfermos?, ¿habría niños abandonados? Si Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. Yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.

El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería, observó en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo. Al parecer, hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado.

Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero:

– ¿Sabe una cosa? los barberos no existen . . .

– ¿Cómo que no existen? – preguntó el barbero – Si aquí estoy yo, y soy barbero.

– ¡No! – dijo el cliente – No existen porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.

– Ahh, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mí.

– ¡Exacto! – dijo el cliente – ese es el punto, Dios sí existe, lo que pasa es que las personas no van hacia Él y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria…

http://webcatolicodejavier.org/indiceref.html

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Un hombre paseaba por el bosque cuando se encontró con un zorro herido; la pobre criatura se había roto las cuatro patas mientras intentaba huir de un cazador. Estaba tan malherida que ni siquiera podía moverse para buscar comida. El hombre sintió lástima por el animal y decidió acercarse a él, pero mientras lo hacía vio un gigantesco oso que se asomaba entre los árboles arrastrando los despojos del animal que acababa de devorar. Al oso pareció no interesarle el zorro, de hecho, dejó caer parte de los despojos cerca del zorro y se marchó en busca de otro animal que llevarse a la boca. El zorro se abalanzó sobre la carne con enorme ansiedad.

Al día siguiente el hombre volvió al bosque y, vio que una vez más el oso había dejado un apetitoso bocado cerca del famélico zorro y, de nuevo vio como el zorro se abalanzaba sobre  la comida. El tercer día, volvió al bosque y vio que la escena se repetía. El hombre reflexionó sobre lo que había visto y se dijo:

Si Dios se preocupa tanto por el zorro ¿cuánto más se preocupará por mí? Mi fe no ha sido lo suficientemente fuerte, debo aprender a confiar en Dios con la misma intensidad que el zorro. Acto seguido el hombre se arrodilló en el bosque y con la mirada puesta en el cielo exclamó: Señor, el zorro me ha demostrado lo que es tener fe en ti, a partir de este momento me entrego a ti en cuerpo y alma. Confío en que me cuides como el oso cuida al zorro.

Dicho esto, el hombre se tumbó en el suelo a la espera de que Dios se ocupara de él. Transcurrió un día y no sucedió nada, comenzó a tener hambre, pasó el segundo día y nada acontecía, el hombre empezó a mosquearse; el tercer día cuando no había ni rastro de Dios, el hombre se enfadó y, mirando al cielo exclamó:

Señor quieres a ese zorro más que a mí. ¿por qué no te preocupas de mí con lo mucho que yo confío en ti? ¿por qué no me alimentas?

Por fin el hambre obligó al hombre a volver al pueblo. En una de las calles se topó con un niño hambriento. No pudiendo contenerse le manifestó a Dios su ira: ¿por qué no haces nada para ayudar a este pobre niño hambriento?

Ya lo he hecho, le respondió Dios. Te he creado a ti para que le ayudes; pero has decidido seguir el ejemplo del zorro y no del altruista oso. (fábula árabe)

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¿Qué es lo que más deseas?, si tuviéramos la oportunidad de que se nos concediera un solo deseo, pocas personas sabrían de verdad qué es lo que pedirían. ¿sabrías tu decirlo? Yo sí. Lo que más deseo en esta vida es entender el propósito que Dios se planteó cuando nos creó. Sé que mi ínfima inteligencia no está capacitada para entender en toda su magnitud tal cuestión. Yo no cuestiono a Dios, ni a su Plan Divino, tengo la suerte de tener una fe infinita en Él y en sus designios, otra cosa es que no lo haya entendido todavía. Pero aún así, lo intento y no dejo de plantearme qué papel debemos interpretar en el Gran Escenario de la Vida. Qué ideó Él con su Plan terrenal. Después de leer las diferentes interpretaciones que han hecho, los entendidos sobre los textos relativos a los designios de Dios, no puedo estar de acuerdo con ninguno de ellos en su totalidad. Me he permitido el lujo de pensar por mí misma y aún no he encontrado LA RESPUESTA. He encontrado una respuesta parcial y, en cierto modo me vale, pero quisiera más. Estoy segura que sí hay vida después de la muerte (y si no la hubiera, pues vale, se acabó el problema). La reencarnación es lo que más se aproxima a lo que yo encontraría más justo, de hecho, encuentro alusiones a la misma en la Biblia, en El Zohar, en textos de personas que dicen haber obtenido información al respecto como Edgar Cayce, etcétera. A veces pienso que Dios en su objetivo nos pone pruebas que son como preguntas a las que quiere que demos respuesta. A cada persona le pone un problema según su nivel, pero mi cuestión es que no estoy segura si sonríe, se ríe o se entristece cuando no sabemos resolver las cuestiones que nos plantea. A los seres menos evolucionados le va poniendo pruebas más fáciles y llevaderas según su nivel y así las pruebas más difíciles de superar se las pone según la evolución de la persona. Es como un puzzle que Él desde arriba va mirando expectante, cómo lo vamos resolviendo. Y, al que lo consigue PREMIO.

El Zohar, dice que las personas sufren cambios internos, ocultos a los ojos de los demás que sólo ella percibe y conoce. Yo, sin querer compararme con Einsten (Dios me libre tamaña osadía), pienso igual que él cuando dijo: «No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso». Así que seguiré buscando LA RESPUESTA y, si la encuentro la compartiré con quien quiera escucharla.

Y si no encuentro “esa esperada y maravillosa respuesta” en esta vida, pensaré al marcharme de ella, no que no hubiera nada que encontrar, sino que mi inteligencia es obtusa o que mi alma no estaba preparada en esta ocasión para recibir ese don.
plan-divino

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jesus-11-jpg1Si creyéramos que nuestra vida está limitada a una sola existencia, entonces sí carecería de sentido el sufrimiento y el dolor; pero si aceptamos la superación de una época adversa o de un mero contratiempo, si sabemos que está limitado a un espacio de tiempo, igualmente aceptaríamos los acontecimientos que afectan a toda un encarnación. ¿no te parece curioso que en un accidente de coche donde viajan cuatro personas, sólo una fallezca o tenga graves secuelas? ¿o en los accidentes de avión, cuando no le dan plaza a una determinada persona, esa persona se salva del accidente, o por el contrario, otra persona, sí que encuentra en último momento una plaza para ese vuelo y fallece? ¿Cuántas veces hemos visto cambios de último momento en cualquier circunstancia que ha sido favorable para unos y desfavorable para otros? Creo firmemente que todos nos iremos cuando hayamos terminado nuestra misión. La reencarnación es un concepto que figura en las grandes religiones del mundo y no se limita a las filosofías orientales. Profesa la tolerancia y la compasión, contesta numerosos interrogantes y da sentido hasta a los más mínimos aspectos de la existencia. Las reacciones kármicas no se producen siempre de modo inmediato, ya que una sola vida no es suficiente para alcanzar la Perfección. Todas las personas se reencarnan una y otra vez, esta es la razón de la aparente desigualdad entre los individuos, la causa de esto no hay que buscarla en un Dios que tenga preferencias, para Él todos somos iguales, sino en el propio Karma. Los pensamientos, palabras y acciones crean y resuelven el Karma y una de las maneras más sencillas de resolver el karma es aprender a atenuar el apego que uno tiene a actitudes y opiniones fijas que pueden o no ser verdad. La vida no es tan injusta como muchos pueden pensar, esta doctrina hace que seamos más tolerantes y comprensivos. Yo encuentro una razón kármica para casi todo y esto me hace sentir mucho mejor, además de intuir que existe una razón por las que los demás actúan de determinadas formas aunque yo no esté en principio de acuerdo con ellos. He nacido bajo el seno de una familia católica, por lo cual me considero católica por nacimiento y en su momento, el hecho de descubrir que fue en Concilio de Constantinopla, en el año 553, cuando se votó la supresión de la doctrina de la reencarnación de los textos bíblicos, digamos que me tranquilizó. Creo en Dios (yo lo llamo Dios, otras personas lo llaman Fuente, Creador, Energía, para mí es lo mismo, es el Todo, aunque lo designemos de manera diferente) de una manera ferviente, sin dudas, con una fe incondicional, pero no creo en un Dios castigador, creo en un Dios que actúe como un padre, enseñando amorosamente, no castigando; además me resultaba inadmisible, según me habían enseñado, que el hombre, practicase la virtud para obtener recompensa y rehuyese del pecado sólo por temor al castigo. Sería una postura hipócrita y la virtud no tendría ningún valor. Tal como yo lo entiendo, cada alma tiene que cumplir un ciclo definido de reencarnaciones, con períodos de existencia puramente espirituales entre cada encarnación. Durante nuestra permanencia en el reino espiritual, se nos muestran los errores que hemos cometido en la Tierra en nuestra vida anterior, que constituyen nuestra deuda Kármica y así tenemos la oportunidad de ver las desagradables consecuencias de las decisiones contrarias al amor. Por consiguiente, durante esa permanencia en las moradas del alma, nos preparamos para llevar una vida más noble en nuestra siguiente vida en la Tierra, trabajando en nuestro perfeccionamiento, llevando una vida más constructiva, que compense lo anterior.

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GÉNESIS

adan-y-eva-11-jpgLa creación, según el Génesis dice que Dios creó el mundo en siete días. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era confusión y caos, y las tinieblas cubrían la faz del abismo, mas el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y hubo tarde y hubo mañana primer día. Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y hubo tarde y hubo mañana segundo día. Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y hubo tarde y hubo mañana tercer día. Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y hubo tarde y hubo mañana cuarto día. Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y hubo tarde y hubo mañana quinto día. Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y hubo tarde y hubo mañana sexto día. Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.

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huellasCuantas veces nos sentimos abandonados de la mano de Dios, en las circunstancias más difíciles de nuestras vidas, siempre pensamos que estamos solos frente a las pruebas a las que nos vemos sometidos. Craso error el nuestro. Este pequeño gran cuento puede hacernos meditar y darnos cuenta que Dios siempre está con nosotros, sobre todo en los peores momentos, si no fuera así, en numerosas ocasiones no podríamos soportar las duras cargas que muchas veces debemos soportar. Dice este pequeño relato que al morir una mujer revivió su vida y la visualizó a través de la orilla de una gran playa. Se dio cuenta que en casi todo el trayecto veía sus huellas y, paralelas a las suyas, había otro par. Pero en determinados tramos, sólo veía un par de huellas y “casualmente” esos tramos correspondían con los momentos más duros que tuvo que vivir. Entonces le dijo a Dios: Señor, a través de tu palabra he creído entender que me acompañarías siempre a lo largo de mi camino en la Tierra, sin embargo, en muchas ocasiones sólo veo un par de huellas. Y Dios con su infinita bondad le dijo: siempre he estado contigo, siempre te he acompañado y siempre te he cuidado. Cuando has visto en la arena sólo un par de huellas es cuando te llevaba en brazos.

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luz-de-jesus-11-jpgCuentan que un profesor de la Universidad de Berlín retó a sus alumnos con la siguiente pregunta: “¿Dios creó todo lo que existe?” Un alumno valientemente respondió: Sí, Él lo creó. ¿Dios realmente creó todo lo que existe caballero? preguntó nuevamente el maestro. Sí señor, respondió el joven. El profesor respondió: Si Dios creó todo lo que existe, ¡entonces Dios creó el mal, ya que el mal existe! Y, si establecemos que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, ¡entonces Dios es malo! El joven se calló frente a la respuesta del maestro que feliz se regocijaba de haber probado una vez más, que la Fe era un mito. Otro estudiante levantó la mano y dijo: ¿puedo hacerle una pregunta profesor?. ¡Por supuesto! fue la respuesta del profesor. El joven se levantó y preguntó: Profesor, ¿el frío existe? ¿pero qué clase de pregunta es esa? claro que existe, ¿acaso nunca sentiste frío? El muchacho respondió: En realidad, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en verdad es la ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es factible de estudio cuando posee o transmite energía; el calor es lo que hace que este cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total de calor; todos los cuerpos quedan inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Nosotros creamos esa definición para describir de qué manera nos sentimos cuando no tenemos calor. Y, ¿existe la oscuridad? preguntó el estudiante. El profesor respondió: ¡Existe! El estudiante respondió: la oscuridad tampoco existe, la oscuridad, en realidad, es la ausencia de luz. La luz la podemos estudiar, ¡la oscuridad no! A través del prisma de Nichols, se puede descomponer la luz blanca en sus varios colores, con sus diferentes longitudes de ondas ¡la oscuridad no! ¿Cómo se puede saber qué tan oscuro está un espacio determinado?, con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? “la oscuridad es una definición utilizada por el hombre para describir qué ocurre cuando hay ausencia de luz”. Finalmente, el joven preguntó al profesor; señor ¿el mal existe?. El profesor respondió: como afirmé al inicio, vemos estupros, crímenes, violencia en todo el mundo, esos son hechos que pertenecen al mal. ¡claro que existe! El estudiante respondió: el mal no existe Señor, o por lo menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia del bien. Conforme con los anteriores casos, el mal es una definición que el hombre inventó para describir la ausencia de Dios. Dios no creó el mal. El mal es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los seres humanos. Es igual a lo que ocurre con el frío cuando no hay calor, o con la oscuridad cuando no hay luz. El joven fue aplaudido, y el maestro, permaneció en silencio. El director de la universidad, se dirigió al joven estudiante y le preguntó: ¿cuál es su nombre? Me llamo, Albert Einsten

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por-queSe hallaba un ferviente cristiano en el salón de su casa, cuando sintió que a causa de una gran tormenta se iba inundando su pequeño pueblo, todos huían hacia tierras más sólidas. El nivel del agua subía y su casa estaba parcialmente inundada pero él se negaba a huir, en su fuero interno estaba convencido de que Dios le salvaría, gracias a su gran fe en Él. Pasó un vecino montado a lomos de un caballo y le dijo, ven, sube y huiremos juntos de esta inundación; pero el ferviente cristiano se negó, seguía confiando en que Dios le salvaría. El agua había alcanzado la segunda planta de la vivienda, cuando pasó otro vecino en una pequeña barca, sube le dijo y te salvarás. Tampoco en esta ocasión quiso este fervoroso cristiano subir a la barca, seguía convencido que Dios haría algo y le salvaría. El agua seguía creciendo y tuvo que refugiarse en el tejado de su casa, donde unos minutos después pasó un helicóptero que le volvió a ofrecer ayuda para salvarse de la inundación e igualmente en esta tercera ocasión rehusó la ayuda para salvarse diciendo confío plenamente en Dios, Él proveerá. Y este buen cristiano se ahogó. Al llegar ante Dios, bastante molesto por lo ocurrido, le dijo a Dios: yo confiaba en ti, ¿por qué no has hecho nada para salvarme? Y, Dios le dijo, te envié un caballo, una barca y un helicóptero, ¿no te parece suficiente ayuda? En fin, comprendamos que, a Dios rogando y pero con el mazo dando.

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