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Posts Tagged ‘Albert Einsten’

PARCHES EN EL CORAZÓN

 

En el transcurso de una conversación, un compañero de este viaje terrenal, ha tenido a bien leerme este poema de Jorge Luis Borges hasta hoy desconocido para mí. Y, como yo no creo en las casualidades, creo que debo compartirlo.

 

De estas calles que ahondan el poniente,

una habrá (no sé cuál) que he recorrido

ya por última vez, indiferente

y sin adivinarlo, sometido

 

a quien prefija omnipotentes normas

y una secreta y rígida medida

a las sombras, los sueños y las formas

que destejen y tejen esta vida.

 

Si para todo hay término y hay tasa

y última vez y nunca más y olvido

¿Quién nos dirá de quién, en esta casa,

sin saberlo, nos hemos despedido?

 

Tras el cristal ya gris la noche cesa

y del alto de libros que una trunca

sombra dilata por la vaga mesa,

alguno habrá que no leeremos nunca.

 

Hay en el Sur más de un portón gastado

con sus jarrones de mampostería

y tunas, que a mi paso está vedado

como si fuera una litografía.

 

Para siempre cerraste alguna puerta

y hay un espejo que te aguarda en vano;

la encrucijada te parece abierta

y la vigila, cuadrifronte, Jano*.

 

Hay, entre todas tus memorias, una

que se ha perdido irreparablemente;

no te verán bajar a aquella fuente

ni el blanco sol ni la amarilla luna.

 

No volverá tu voz a lo que el persa

dijo en su lengua de aves y de rosas,

cuando al ocaso, ante la luz dispersa,

quieras decir inolvidables cosas.

 

¿Y el incesante Ródano y el lago,

todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?

Tan perdido estará como Cartago

que con fuego y con sal borró el latino*.

 

Creo en el alba oír un atareado

rumor de multitudes que se alejan;

son lo que me ha querido y olvidado;

espacio, tiempo y Borges ya me dejan.

 

Estoy viviendo un momento, ¿cómo definirlo?, no por menos esperado, inesperado. Cuántas veces escuchamos que se debe vivir el presente, pero no lo ponemos en práctica y cuántas veces más nos decimos al igual que Scarlett en la novela Lo que el viento se llevó, mañana, mañana…

Leemos frases sabias como esta de Gandhi que nos dice: Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir siempre y, aun así, nos decimos, lo pondré en práctica mañana, mañana…

Bien, pues a mí me ha llegado el momento de ponerlo en práctica, no mañana, sino hoy, porque no tengo la certeza de estar aquí mañana, y viva los años que viva, muchos o pocos procuraré nunca olvidarme que debo encontrar en  el presente algo que me permita seguir disfrutando de esa calma, esa paz interior que siempre he tenido pero que ahora se ve incrementada sólo con pensar que el día de hoy puede ser el último. Alguien dijo:  La vida no es esperar a que la tormenta pase, es aprender a bailar bajo la lluvia.

Me considero una persona bendecida con el don de la Fe y,  a diferencia del hombre del cuento de La Maleta, he aprendido que la vida es sólo un momento. Y esa misma Fe y los testimonios de personas que antes que yo “comprendieron” es la que me dice que volveré siendo una persona mejor y aún más evolucionada.

“El secreto de este mundo es que todas las cosas subsisten sin morir jamás; no hacen más que alejarse de nuestra vista para volver después…  Nada muere. (Blavatsky (1831-1891)

“Siento que voy a dejar pronto esta vida terrenal. Pero como estoy convencido de que no existe nada en la naturaleza que pueda ser aniquilado, tengo la certeza de que lo más noble que hay en mí no dejará de vivir. Aunque posiblemente no sea rey en mi próxima vida… bien tanto mejor… viviré al menos una vida activa y, lo que, es más, sufriré menos por la ingratitud”.  Palabras de Federico II el Grande (1712-1786), rey de Prusia.

“Necesitamos muchas vidas, revestirnos de múltiples cuerpos, nacer y morir y volver a nacer muchas veces para llegar al fin último de la perfección que es el que los dioses nos reservan. Esta ley de vidas sucesivas da la adecuada explicación a todas las desiguales manifestaciones de nuestra existencia”. Palabras de Pitágoras de Samos, el filósofo y matemático griego, nacido aproximadamente en 582 a. DC – 500 a.C.)

Yo estoy preparada para subirme a la barca de Caronte, el viejo barquero que transporta las almas a través de la laguna Estigia y, dispuesta estoy a pagar el óbolo que demanda. E, igualmente dispuesta que a Anubis contrapese mi alma con la pluma de la verdad.

Desde que tengo uso de razón me he considerado un espíritu rebelde, un espíritu librepensador, me niego a seguir las directrices de los demás, a acatar sin convencimiento los que los demás me digan.  ¿quién está legitimado para estar en posesión de la verdad? Jamás he puesto “límites” a mi mente y procuro vivir acorde a “mi verdad”. Hace ya mucho tiempo que no sólo el sentido común guía mis pasos, sino el sentido propio. Y, mi sentido propio siempre me ha llevado hacia mi bienestar.

«Los grandes espíritus siempre han encontrado la violenta oposición de las mentes mediocres. Estos últimos no pueden entender que un hombre no se someta irreflexivamente a los prejuicios hereditarios, sino que emplee honestamente y con coraje su inteligencia.» Albert Einstein

Y, efectivamente como dice Jorge Luis Borges en su poema “Limites”, sin adivinarlo habré hecho muchas cosas por última vez…

APRENDÍ

Nadie puede volver atrás y empezar de nuevo, pero cualquiera puede empezar hoy y crear un nuevo final. (María Robinson)

Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor. (Albert Einstein)

 

Jano, dios de las puertas y los comienzos, que según los romanos aseguraba buenos finales, nos tenga presentes.

 

DIOS JANO.jpg

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MonoQué difícil es desaprender, cuando somos pequeños creemos todo lo que nos dicen y todo lo que nos enseñan y, eso nos vale hasta que empezamos a pensar por nosotros mismos, al crecer y madurar, rara es la persona que no se cuestiona algo de lo que le han enseñado. No todos empiezan a cuestionar lo que le han enseñado a la misma edad ni en el mismo momento, cada uno de nosotros lo hacemos en diferentes etapas de nuestras vidas. Sin embargo os puedo asegurar que los años hacen que sumerjan de nuestra alma un montón de dudas sobre el por qué actuamos de determinada forma.

Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella una piña de plátanos. Cuando un mono subía la escalera para coger un plátano, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo. Después de algún tiempo cuando un mono iba a subir a la escalera, los otros lo apaleaban. Pasado el tiempo, ningún mono subía la escalera a pesar de la tentación de las bananas. Los científicos entonces substituyeron a uno de los monos. Lo primero que hizo el nuevo mono fue subir a la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le pegaron; después de varios intentos con las correspondientes palizas, el nuevo ya no intentó subir de nuevo a la escalera. Un segundo mono fue substituido y ocurrió lo mismo, incluso el primer substituto participó en la paliza al novato. Un tercero fue también substituido y se repitieron los mismos hechos. El cuarto y, finalmente el quinto de los monos fue substituido. La jaula se quedó con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar a las bananas. Si fuera posible preguntar a los monos por qué le pegaban a quien intentaba subir la escalera, con certeza no sabrían la respuesta. Quizás dirían: “no sé, las cosas siempre se han hecho así” y, yo, como tantas veces, recurro al refranero. Hay un refrán que dice:  Las costumbres se hacen leyes. 

Este relato se refiere a animales irracionales, pero nosotros somos “supuestamente” racionales, ¿por qué hacemos lo mismo y, repetimos lo que sabemos fehacientemente que está mal?  ¿sabéis cómo se entrenan a los elefantes? El entrenador coge al  elefante cuando es un cachorro, le pasa una cuerda por el cuello o por la pata y lo ata a un árbol. El elefantito intenta escaparse, pero el árbol es grande y resistente y no lo consigue. Después de intentarlo varias veces, desiste. El elefante, crece, es llevado al circo, y la única cosa que el payaso tiene que hacer para que esté quieto es atarlo con una cuerda a la pata de un taburete. El elefante continuará pensando que está amarrado a un árbol y, hasta un niño podría dominar al elefante, pero nosotros no somos elefantes, aunque a veces actuemos como ellos. En algún momento de nuestra vida tendremos que empezar a pensar por nosotros mismos, desaprender y darnos cuenta que hay ciertos actos que están mal, que podemos hacerlo mejor, de una manera diferente y, sobre todo más evolucionada.

Y, si a alguno de vosotros os han dicho desde pequeños que sois malos, vagos, inútiles, que no valéis para nada, que nunca conseguiréis vuestro objetivo, que sois unos fracasados y que nunca alcanzaréis vuestras ilusiones, NO os lo creáis, es MENTIRA. Tú puedes hacer TODO lo que te propongas. Decía Albert Einsten que: “es más fácil desintegrar un átomo que un preconcepto”

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luz-de-jesus-11-jpgCuentan que un profesor de la Universidad de Berlín retó a sus alumnos con la siguiente pregunta: “¿Dios creó todo lo que existe?” Un alumno valientemente respondió: Sí, Él lo creó. ¿Dios realmente creó todo lo que existe caballero? preguntó nuevamente el maestro. Sí señor, respondió el joven. El profesor respondió: Si Dios creó todo lo que existe, ¡entonces Dios creó el mal, ya que el mal existe! Y, si establecemos que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, ¡entonces Dios es malo! El joven se calló frente a la respuesta del maestro que feliz se regocijaba de haber probado una vez más, que la Fe era un mito. Otro estudiante levantó la mano y dijo: ¿puedo hacerle una pregunta profesor?. ¡Por supuesto! fue la respuesta del profesor. El joven se levantó y preguntó: Profesor, ¿el frío existe? ¿pero qué clase de pregunta es esa? claro que existe, ¿acaso nunca sentiste frío? El muchacho respondió: En realidad, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en verdad es la ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es factible de estudio cuando posee o transmite energía; el calor es lo que hace que este cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total de calor; todos los cuerpos quedan inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Nosotros creamos esa definición para describir de qué manera nos sentimos cuando no tenemos calor. Y, ¿existe la oscuridad? preguntó el estudiante. El profesor respondió: ¡Existe! El estudiante respondió: la oscuridad tampoco existe, la oscuridad, en realidad, es la ausencia de luz. La luz la podemos estudiar, ¡la oscuridad no! A través del prisma de Nichols, se puede descomponer la luz blanca en sus varios colores, con sus diferentes longitudes de ondas ¡la oscuridad no! ¿Cómo se puede saber qué tan oscuro está un espacio determinado?, con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? “la oscuridad es una definición utilizada por el hombre para describir qué ocurre cuando hay ausencia de luz”. Finalmente, el joven preguntó al profesor; señor ¿el mal existe?. El profesor respondió: como afirmé al inicio, vemos estupros, crímenes, violencia en todo el mundo, esos son hechos que pertenecen al mal. ¡claro que existe! El estudiante respondió: el mal no existe Señor, o por lo menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia del bien. Conforme con los anteriores casos, el mal es una definición que el hombre inventó para describir la ausencia de Dios. Dios no creó el mal. El mal es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los seres humanos. Es igual a lo que ocurre con el frío cuando no hay calor, o con la oscuridad cuando no hay luz. El joven fue aplaudido, y el maestro, permaneció en silencio. El director de la universidad, se dirigió al joven estudiante y le preguntó: ¿cuál es su nombre? Me llamo, Albert Einsten

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