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Archive for 3 septiembre 2012

Nha Chica ha sido popularizada por el escritor Paulo Coelho al nombrarla en la primera página de su libro Maktub. Según el testimonio de este escritor, le pidió a Nha Chica que le hiciera un escritor famoso y él regresaría cuando tuviera cincuenta años con  dos rosas rojas en una mano y otra blanca en la otra. Le llegó la inspiración y publicó su primer exitoso libro seguido de muchos más. No sólo cumplió su promesa sino que además le dedicó su libro Maktub.

Francisca Paula de Jesús, conocida popularmente como Nhá Chica, nació en 1810 en la aldea de San Antonio do Rio das Mortes Pequeno, uno de los cinco distritos de São João del Rei municipio del estado de Minas Gerais (Brasil), poco tiempo después se trasladó con su familia a la ciudad de Baependi donde vivió hasta su muerte (14 de junio de 1895)

Según cuentan los más viejos del lugar, era hija de Isabel, una la esclava liberada por Chica da Silva en Diamantina. Isabel conoció por aquel entonces al indio Seberê que había huido de los hacendados de Bahía que les habían robado sus tierras. Seberê subió el Río San Francisco y se fue a vivir a Villa Rica (Minas Gerais) donde trabajó como aprendiz de escultor y esculpió ángeles para las iglesias barrocas. Por aquel entonces Seberê conoció al santo mártir Tiradentes que fue ahorcado y descuartizado, a causa de esto Seberê  nuevamente perseguido huyó a Caxambu, al sur de Minas Gerais escondiéndose en los bosques, momento en que conoció a Isabel y de esta relación nació Nhá Chica. Nunca regresó Seberê a Caxambu y pasados diez años, Isabel cansada de esperarle se marchó con su hija a buscarlo a la Sierra de Mantiqueira. Nunca le encontraron e Isabel murió dejando a su hija Nhá Chica de diez años de edad y a su Teotônio de doce, huérfanos en Baependi. Aquellos  niños crecieron al cuidado de Nuestra Señora que poco a poco conquistó el corazón de la niña que le consultaba todo lo que le sucedía. Antes de morir, Isabel aconsejó a su hija que no se casara y que dedicara su vida a Dios, Nhá Chica obedeció y rehusó cualquier propuesta de matrimonio que le hicieron. Se dedicó en cuerpo y alma a los pobres y aunque atendía a todos, siempre acudía a los más necesitados. Para todos tenía una palabra de aliento un consejo o una promesa de oración. Llegaron a verla como una “santa” y muchos no tomaban ninguna decisión hasta no consultarla. Su fama de santa llegó hasta remotos lugares, tanto que muchas personas venían de lejos a pedirle consejo y oraciones. Era paciente con todos los que la procuraban, les atendía durante todos los días de la semana excepto el viernes que lo dedicaba a lavar su ropa y a la oración y a la penitencia. Se había reservado el viernes en recuerdo a la Pasión e muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

Nhá Chica era analfabeta, nunca supo leer ni escribir y así, personas cercanas le leían las Sagradas escrituras. Compuso una Novena en honor de Nuestra Señora de la Concepción y construyó al lado de su pequeña casa una iglesia donde veneraba una pequeña imagen de la Virgen que perteneció a su madre. Imagen que aún se conserva en una sala de la casa donde vivió.

En 1954, la Iglesia de Nhá Chica fue confiada a la Congregación de las Hermanas Franciscanas del Señor, y desde entonces fue construida una obra de asistencia social para menores que es financiada por benefactores devotos de Nhá Chica. Actualmente esta asociación acoge a más de 160 niños. A lo largo de los años, después de varias reformas, es actualmente “Santuario de Nuestra Señora de la Concepción” que acoge peregrinos de todo el Brasil y diversas partes del mundo. Los fieles que lo visitan hacen peticiones y piden favores y regresan después para agradecer la gracia recibida. Actualmente en el registro del Santuario se puede leer unas 20.000 gracias alcanzadas por intermedio de Nhá Chica.

Murió el día 14 de junio de 1895 con 85 años de edad y fue enterrada el día 18 de junio en la Capilla construida por ella. Las personas que la acompañaron dieron testimonio de que su cuerpo exhaló un misterioso perfume de rosas durante los cuatro días del velatorio. Perfume que de nuevo fue sentido 103 años después, el día 18 de junio de 1998 por miembros del Tribunal Eclesiástico de su causa de beatificación. Sus restos mortales se encuentran actualmente en el mismo lugar en que se enterraron en el interior del Santuario de Nuestra Señora de la Concepción en Baependi protegidos por una urna acrílica colocada en el interior de otra de granito, donde son venerados por los fieles. Recibió oficialmente el título de Sierva de Dios de la Congregación de las causas de los Santos del Vaticano en 1991 y en la mañana del viernes 14 de enero de 2011, el Papa Benedicto XVI reconoció sus virtudes heroicas.

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