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Archive for 17 abril 2010

Por interesante y curioso, transcribo este artículo sobre la recolección de te escrito por una querida amiga, Carmen Gómez Menor publicado en el periódico El Mundo el día 8 de febrero de 2010.

Una historia que parece sacada de un cuento infantil, por la que sólo las manos enguantadas de una doncella virgen podían cortar el té de los emperadores, perdura hoy en unos de los confines más bellos de Asia. Hablamos de la plantación de té Handunugoda en Sri Lanka, donde se ha revivido una antigua tradición china de los siglos V y VI d.C.

Se dice que la refinada corte china contaba entre sus manjares más preciados un té que sólo tocaban los labios del emperador gracias a un estricto proceso de cultivo y recogida. El té debía ser cultivado por mujeres vírgenes, que cortaban las hojas con tijeras de oro y las dejaban caer en un cuenco dorado, ofreciéndolo después como tributo al emperador y evitando en el proceso cualquier contacto con parte alguna de la anatomía humana.

Iván, uno de los guías en Handunugoda, cuenta con mirada pícara la dificultad de mantener viva esta tradición y puntualiza que, al menos, las mujeres que recogen el té en su plantación han de ser solteras «a las que se les presupone la virginidad». Pero la parte de la tradición que siguen a rajatabla es la de evitar que el té entre en contacto con parte alguna del cuerpo humano. El propietario de la plantación, Malinga Gunaratne, tuvo la idea de revivir esta práctica al visitar a un famoso especialista en perfumes o nariz en Grasse, al sur de Francia, que tenía en su mesa pequeñas bolsitas de jazmín de 15 países diferentes.

Al preguntarle si el jazmín era diferente en cada país, la respuesta del francés fue: “Por supuesto, la diferencia está en el sudor de las manos que recogen el jazmín, y que impregnan la planta con la mezcla resultante de los hábitos alimenticios de los recolectores”. Así fue como Gunaratne pensó que los mandarines debían conocer esta teoría al emplear vírgenes y evitar todo contacto con el sudor y los aceites del cuerpo en la recogida del té, y al regresar a Sri Lanka empleó té blanco para esta variedad bautizándolo como Kilburn Imperial, más conocido como Té Blanco Virgen.

Un té de 520 euros

Estudios de laboratorio realizados por la prestigiosa empresa Suiza SGS ponen de manifiesto las altas propiedades anti-oxidantes de la planta, carente de insecticidas o pesticidas y con un contenido en cafeína muy bajo. El precio, digno de tal prestigio, está alrededor de los 520 euros el kilo (o a casi un euro por taza si se compran cantidades más pequeñas), muy por encima del precio de un té normal y que lo hacen acreedor del título de té más caro del mundo. Su producción, limitada a 48 kilos al año, convierte a este té en un lujo sólo al alcance de los emperadores del mundo moderno.

El tiempo parece haberse detenido en las antiguas mansiones coloniales hoy reconvertidas en hoteles

Las plantaciones de té se han convertido en uno de los mayores reclamos turísticos de Sri Lanka. Fueron los británicos, que llegaron tras los portugueses y holandeses atraídos por las valiosas especias de la entonces llamada Ceilán, quienes introdujeron el cultivo en Sri Lanka a mediados del siglo XIX. El tiempo parece haberse detenido en las antiguas mansiones coloniales hoy reconvertidas en hoteles, y no es difícil imaginarse a los oficiales británicos sentados en el porche degustando el té de las cinco, mientras en la distancia los recolectores de té hacían un trabajo manual que apenas ha variado desde entonces.

Handunugoda se encuentra a unos 40 minutos en coche de Galle, una pequeña ciudad portuaria al sudoeste de Sri Lanka famosa por sus playas y su sabor colonial. La mejor manera de llegar a Galle desde la capital, Colombo, es hacerlo en un tren que parece sacado de otra época, pero cuya sencillez se ve superada con creces por la espectacularidad del paisaje. Las vías bordean la costa en la mayor parte del camino acercándose tanto al mar que, durante el tsunami que asoló Sri Lanka y otros países asiáticos en 2004, la mayoría de los pasajeros del convoy perdieron la vida al ser arrastrados por la gigantesca ola.

La entrada en Galle es de las que no se olvidan: el mar golpeando la costa poblada de palmeras rendidas al viento dando paso a la majestuosa fortaleza construida por los holandeses en el siglo XVII. Tres días en Galle son suficientes para explorar la ciudad y sus alrededores.

La plantación de té de Handunugoda está abierta al público y durante la visita se pueden degustar casi todos los tés que cultivan, así como comprar el que, probablemente, sea el té más puro del mundo.

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El Taoísmo es un sistema religioso y filosófico chino, que data del siglo IV a.C. Entre las escuelas de pensamiento de origen chino, la influencia del taoísmo sólo ha sido superada por la del confucianismo. Las creencias filosóficas y místicas esenciales taoístas se encuentran en el Tao Tê-King (o Daodejing, Libro de la Vía y de la Virtud), un texto que data del siglo III a.C. atribuido a la figura histórica de Lao-tsé, y en el Zhuangzi, un libro de parábolas y alegorías que también data del siglo III a.C., pero atribuido al filósofo Zuang-zi. Mientras el confucianismo exhorta a los individuos a someterse a las normas de un sistema social ideal, el taoísmo mantiene que el individuo debe ignorar los dictados de la sociedad y sólo ha de someterse a la pauta subyacente del Universo, el Tao (Camino), que no puede ni describirse con palabras ni concebirse con el pensamiento. Para estar de acuerdo con el Tao, uno tiene que “hacer nada” (wu-wei), es decir, nada forzado, artificial o no natural. A través de la obediencia espontánea a los impulsos de la esencia natural propia de cada uno y al despojarse a sí mismo de doctrinas y conocimientos, se alcanza la unidad con el Tao y de ello deriva un poder místico (). Este poder permite trascender todas las distinciones mundanas, incluso la distinción entre la vida y la muerte.

Lao-Tzú, nació hacia el año 570 a.C. en Hai. Según cuenta la leyenda, fue dado a luz por una madre virgen que lo llevó en su seno durante ochenta y dos años hasta que un día mientras descansaba bajo la sombra de un ciruelo, una partícula de Sol semejante a una perla se introdujo por la boca de la virgen e hizo que se le abriera la axila y naciera Lao-Tzú. De nuevo encontramos cierto paralelismo en este obviamente simbólico relato con el misterio de la concepción de los evangelios. Conocido también como el Viejo Maestro se le atribuye la autoría del libro Tao Te King, que consta de 81 capítulos sin orden aparente. Según cuenta una leyenda, el original estaba escrito en palillos de bambú; pero un día los palillos cayeron al suelo y el libro se desordenó. Desde entonces se lee en desorden y quizás ésta sea la razón por la cual nunca lleguemos a comprenderlo en su totalidad. Aunque, esa misma leyenda dice también que los Sabios son capaces de ordenar de nuevo los versos y leerlo como es debido. El Libro siempre es el Hombre y de lo que se trata es de reordenarnos a nosotros mismos. Poco se sabe con certeza de su vida, pero se cuenta que después de viajar a diferentes países regresó a China y, que siendo funcionario, abandonó su carrera y se dirigió al Tibet montado a lomos de un buey negro donde se encontró con Yin Hsi, el cual le suplicó que escribiera sus enseñanzas, a lo que Lao Tzú accedió y luego de entregárselas continuó su camino.

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