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Archive for 17 marzo 2010

Una mujer regaba el jardín de su casa cuando vio a tres viejos frente a su jardín. No les conocía, pero le pareció que debían tener hambre y les invitó a su casa para darles algo de comer.

Ellos preguntaron:

¿está el hombre de la casa?

No, respondió ella, no está.

Entonces no podemos entrar, dijeron ellos.

Al atardecer, cuando el marido llegó a casa ella le contó lo sucedido.

Diles que ya llegué e invítalos a pasar.

La mujer salió a invitar a los tres hombres a pasar a su casa.

No podemos entrar en una casa los tres juntos, explicó un viejito.

¿por qué?, dijo ella.

Uno de los hombres señaló a uno de ellos y explicó:

Su nombre es Riqueza.

Luego señalando al otro dijo:

Su nombre es Éxito y, yo me llamo Amor.

Ahora ve con tu marido y decide a quién de nosotros deseáis invitar a vuestra casa.

La mujer entró en su casa y le contó a su marido lo que ellos le dijeron.

El hombre se puso feliz y dijo:

Ya que sólo podemos invitar a uno que entre Riqueza y llene nuestra casa.

Su esposa no estuvo de acuerdo y le replicó:

¿Y por qué no invitamos a Éxito?

La hija del matrimonio que estaba escuchando, dijo:

¿No sería mejor invitar a Amor?

Nuestro hogar estaría lleno de amor.

Me parece bien, sigamos el consejo de nuestra hija, ve e invita a Amor para que sea nuestro huésped.

La esposa salió y les preguntó:

¿Cuál de ustedes es Amor?

Por favor venga y que sea nuestro invitado.

 Amor comenzó a avanzar hacia la casa y los otros dos compañeros le siguieron.

Sorprendida, la mujer les preguntó a Riqueza y a Éxito:

Yo invité sólo a Amor ¿por qué vienen ustedes dos?

 Al unísono los viejos respondieron:

Si hubieras invitado a Riqueza o a Éxito, los otros dos hubieran permanecido fuera, pero como invitaste a Amor, donde él vaya, nosotros le acompañaremos. Si hay amor, hay también riqueza y éxito.

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Cuenta una leyenda oriental que hubo un rey que recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasados unos meses, el instructor comunicó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente educado, pero no sabía lo que le sucedía al otro; no se había movido de la rama desde el día de su llegada a palacio, a tal punto que había que llevarle el alimento hasta allí. El rey mandó a llamar sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió. Por la ventana de sus habitaciones, el monarca podía ver que el pájaro continuaba inmóvil. Difundió al final el problema entre todos sus súbditos, y, a la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente en los jardines. Traedme al autor de ese milagro, dijo. En seguida le presentaron a un campesino. “¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste?
¿Eres mago, acaso?”. Entre feliz e intimidado, el hombrecito solo explicó: “No fue difícil, su Alteza: sólo corté la rama. El pájaro se dio cuenta que tenía alas y se largó a volar”…

Es difícil renunciar a nuestros hábitos, pero pretender que actuando de la misma forma se consiga resultados diferentes es una actitud pueril. Si lo que estás haciendo no funciona, no te hace feliz, para, piensa, analiza y decide actuar de otra manera; sería absurdo esperar resultados diferentes con la inacción. Conseguirás hacer todo lo que te propongas en tu vida, sólo es necesario cortar la rama, pero que seas tú quien lo haga, no esperes a que sea el rayo el que la rompa. Y, recuerda, la diferencia entre lo posible y lo imposible, es la fuerza de tu voluntad.

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