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Archive for 23 julio 2009

HabasUn padre económicamente acomodado, quiso que su hijo supiera lo que de verdad era la pobreza, así se le ocurrió llevar a su hijo a pasar unos días con una humilde familia campesina. Pasaron unos pocos días en la vivienda de los campesinos y, en el camino de vuelta a su hogar el padre le pregunta al hijo: ¿qué te ha parecido la experiencia?
Buena, contestó el hijo con el semblante algo serio. Y… ¿qué aprendiste? El hijo contestó:

Que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro.
Nosotros tenemos una piscina con agua estancada en la mitad del jardín… y ellos tienen un río de agua cristalina con peces, flores y un precioso paisaje.
Nosotros tenemos lámparas importadas para alumbrar nuestro jardín… y ellos se iluminan con la luna y las estrellas.
Nuestro jardín llega hasta la cerca…y el de ellos llega al horizonte.
Nosotros tenemos que comprar la comida y ellos siembran y cosechan la suya.
Nosotros oímos música en CD… y ellos escuchan la maravillosa sinfonía de la naturaleza.
Nuestra comida la cocinamos en una cocina eléctrica y su comida tiene ese magnífico sabor a fuego de leña.
Nosotros necesitamos protegernos con puertas, muros y alarmas y… ellos viven con sus puertas abiertas protegidos por la amistad de sus vecinos.
Nosotros vivimos “conectados” al móvil, al ordenador, al televisor y… ellos en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, a la montaña, a los animales, a su siembra, a su familia…

El padre estaba entre sorprendido e impactado por la profundidad del razonamiento de su hijo… entonces el hijo le dijo:

Gracias papá por haberme enseñado lo pobres que somos.

Muchos antes que nosotros comprendieron que la riqueza material nunca nos hará plenamente felices; este hijo supo “ver” en esta experiencia. Tal como decía Aldous Huxley (1894-1963) “La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”. El filósofo griego Sócrates (470-399 a C.) preguntaba: ¿no te parece vergonzoso cómo te preocupas por las riquezas y los honores y, en cambio no te preocupas por la verdad y por cómo mejorar tu alma?

En un camino del bosque, iba un hombre suspirando por lo pobre que era, ya que por toda comida tenía un puñado de habas, según se las iba comiendo tiraba las vainas al suelo. De pronto sintió unos pasos que le seguían, miró hacia atrás y vio que otro hombre más pobre que él recogía y comía las cáscaras que él había desechado.
Debemos comprender lo que realmente tiene valor en el transcurso de nuestra vida.

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Maceta vacíaCuenta la leyenda que en la antigua China, por ley, un príncipe heredero debía estar casado antes de ser coronado emperador, el príncipe heredero le quedaba poco tiempo para ser coronado y aún estaba soltero, así que decidió hacer una competición entre todas las muchachas de la corte para buscar a la más idónea para acompañarle en sus obligaciones. Así, anunció que recibiría en una celebración especial en palacio a toda muchacha casadera y anunciaría un desafío.
Hacía muchos años en el palacio servía una anciana que escuchó los comentarios sobre los preparativos de la celebración, así, enseguida que llegó a su casa le contó con cierta tristeza la noticia a su hija ya que sabía los sentimientos que ésta tenía hacia el príncipe. La hija sin dudarlo le dijo que ella también iría a participar en el reto que impusiera el príncipe, la madre angustiada por la hija le dijo: ¿hija mía que vas hacer allá? No tendrás ninguna oportunidad, las muchachas más ricas y bellas de la corte estarán allí, quítate esa idea de la cabeza, sé que sufres, pero no hagas de ese sufrimiento una locura. La hija le respondió: no querida madre, no estoy loca, sé que nunca seré la elegida, pero no puedo perder la oportunidad de estar cerca de él aunque sea por unos pocos momentos. Eso me hará feliz.

Llegó el día señalado y allí estaba la hija de la sirvienta entre las más bellas muchachas de la corte. Al poco apareció el príncipe y anunció el desafío: “os daré a cada una de vosotros una semilla, dentro de seis meses, aquella que me traiga la flor más bella será mi digna esposa y la futura emperatriz de China. El desafío del príncipe era acorde a las tradiciones del pueblo, que valoraba el don de cultivar. Pasó el tiempo y en la maceta de la hija de la sirvienta no había crecido nada a pesar de poner todo su cariño y empeño en el cuidado de la semilla; en su fuero interno pensaba que si la flor que brotara se parecía al profundo y sincero amor que le profesaba al príncipe, sería la flor más bella de todas. Día tras día veía que su sueño se alejaba ya que después de seis meses nada había nacido en la maceta.

Pasaron los seis meses y la joven le dijo a su madre que a pesar de que no había brotado ninguna flor ella iría para estar cerca del príncipe una vez más. Llegó a palacio y vio una escena bellísima, todas las muchachas llevaban su maceta con una flor, cada una más bella que la otra y, ella no llevaba nada. Finalmente, llegó el momento, el príncipe observó detenidamente cada una de las flores que llevaban las muchachas, después de haber visto una por una las macetas que habían llevado las muchachas, anunció el resultado: aquella bella joven con la maceta vacía sería su futura esposa; nadie entendía que eligiera a quien no había cultivado nada. El príncipe, entonces le explicó a sus súbditos: la elegida fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles.
Tal como decía Séneca (4 aC.–65 dC.), lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad y Thomas Fuller (1610-1661) decía que el hombre honesto no teme la luz ni la oscuridad.

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cuatro monedasHubo una vez un mendigo que al ver que se acercaba el rey de la comarca pensó: no puedo perder esta oportunidad, le pediré algo y seguro que al ser el rey será generoso conmigo; le pediré una moneda, aunque seguro que me dará mucho más. Majestad, ¿podría darme una moneda? El rey le miró y le dijo: ¿qué me vas a dar tú? ¿qué le vas a dar a tu rey? El mendigo azorado no sabía que responder y dijo: pero su majestad.. yo no tengo nada. El rey le dijo algo debes de tener.. ¡busca!
El mendigo enojado y al mismo tiempo asombrado buscó entre sus bolsillos y vio que tenía una naranja, un bollo de pan y algunos granos de arroz. Pensó que la naranja y el pan eran demasiado para darle así que cogió cuatro granos de arroz y se los dio al rey. El rey cogió los cuatro granos de arroz y le dijo: ¡ves como sí tenías!
El rey le dio cuatro monedas de oro, una por cada grano de arroz. El mendigo sorprendido por la generosidad del rey le dijo: majestad…. creo que tengo algo más para darte… a lo que el rey marchándose le contestó: “solamente de lo que me has dado de corazón te puedo yo dar”

La mayoría de las personas si no van a recibir nada a cambio son incapaces de dar y no saben que la generosidad de corazón siempre tiene su recompensa, debemos aprender a dar sin más, sin esperar nada a cambio, el universo se encargará de recompensarnos.

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