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Archive for 21 septiembre 2008

Casi todos los pueblos primitivos de América del Norte acataban la autoridad del ser o dios supremo a quien llamaban Manitu, que significa Espíritu y que, curiosamente tiene indudable similitud con la palabra de lengua sánscrita Mana, que significa el Sol. En la antigua América del Norte, se creía que la creación del Universo era debida a un pájaro de grandísimo tamaño, pájaro que acaso fuese el propio Gran Manitu. Algunos pueblos sacrificaban perros a los espíritus, ya que creían que el autor de la creación era un inmenso perro. Los esquimales del Canadá decían que cuando la noche continua envolvía el globo terrestre, el Zorro aprovechaba la oscuridad para robar; pero el Cuervo, que en las tinieblas no encontraba alimento, deseó la Luz y la Luz se hizo. Otra tradición cuenta cómo las mujeres paseaban por los campos y recogieron a unos niños que se debatían entre las hierbas. Se trataba de los hijos de la Tierra, que se multiplicaron y poblaron los desiertos. Otra tradición cuenta la historia de un hermano enamorado de su hermana la cual se arrancó los senos y se los arrojó a la cara. Luego encendieron dos antorchas y se persiguieron uno a otro alrededor de un igloo. Pero he aquí que, de repente, ascendieron por el espacio hacia el Cielo y mientras la hermana se convertía en Sol, el hermano se convertía en Luna, alumbrando y calentando ella con su antorcha y alumbrando él sin dar calor, pues había dejado apagar la suya.

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GÉNESIS

adan-y-eva-11-jpgLa creación, según el Génesis dice que Dios creó el mundo en siete días. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era confusión y caos, y las tinieblas cubrían la faz del abismo, mas el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y hubo tarde y hubo mañana primer día. Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y hubo tarde y hubo mañana segundo día. Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y hubo tarde y hubo mañana tercer día. Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y hubo tarde y hubo mañana cuarto día. Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y hubo tarde y hubo mañana quinto día. Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y hubo tarde y hubo mañana sexto día. Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.

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MITOLOGÍA EGIPCIA

osiris-blogLa Mitológica Egipcia dice que Del Nun (Océano Primordial, Caos ) emerge un dios que ha generado su propia existencia, Re-Atum-Khepri, dios solar y creador que escupe al suelo y concibe una pareja de dioses, Tefnut y Shu, los cuales se unen a su vez y engendran una segunda pareja divina, Geb y Nut, los cuales se unen en secreto y engendran cinco divinidades: Osiris, Isis, Horus el Viejo, Seth y Neftis. Osiris e Isis engendran a su vez a Horus el Joven. Otra leyenda relativa a la creación se localizaba en Hermópolis, un apreciado centro de culto del dios Thoth. Era el dios de la sabiduría y el estudio, así como el inventor de los jeroglíficos, vocablo que significa “escritos sagrados”. Era especialmente el dios tutelar de los escribas y guardaba relación con la luna. Una variante en torno a la leyenda de la creación expone que fue en Hermópolis donde el túmulo (sepulcro) primordial emergió de las Aguas de Nun. De un huevo apoyado en el túmulo surgió el dios solar. En otra versión alternativa, se dice que una flor de loto creció en el túmulo, y que sus hojas se abrieron para dar a conocer al joven dios de la creación Nefertum.

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prometeo-11-jpgLa Mitología griega, nos dice que inicialmente sólo existías el Caos (el vacío), del que se formó Gaia (la tierra). Gaia dio a luz a Urano (el cielo). Urano fue el primer dios que reinó sobre el Universo que, uniéndose con Gaia, fueron los padres de las primeras criaturas vivas, los doce titanes (gigantes con forma humana), los tres Cíclopes (criaturas con un solo ojo) y los tres gigantes Hecatónquiros (monstruos provistos de cien manos y cincuenta cabezas). Insatisfecho con sus hijos, los desterró al inframundo. Gea irritada por encerrar a sus hijos, persuadió a su hijo, el titán Cronos (Saturno) para derrocar a su padre. Cronos encadenó y castró a Urano, y de la sangre que cayó sobre la tierra surgieron las tres diosas vengadoras, las Erinias o Furias. Tisífone, Megera, y Alecto. Fue por ello Kronos el segundo soberano del cosmos. Pero el Hado, dios supremo, había establecido que, al igual que Kronos encadenó a su padre, un hijo suyo lo haría con él. Kronos, enterado de esto y deseando evitar el destino, decidió comerse a sus hijos al nacer. Y así lo hizo con Deméter (Ceres), diosa de la tierra; Hestia, diosa del hogar Hera (Juno), diosa del matrimonio, Hades (Plutón) dios de los muertos y Poseidón (Neptuno), dios del mar. Pero Rea, esposa de Kronos, cuando dio a luz a su sexto hijo Zeus (Júpiter), para protegerle tomó una piedra y envolviéndola en pañales se la dio a Kronos, quien la comió engañado. Cuando Zeus creció se encontró con su padre y, después de vencerle y haberle hecho vomitar a sus hermanos, lo desterró del cielo. Fue entonces Zeus el tercer rey de los dioses antiguos, que dio la entrada a los dioses nuevos de la Mitología griega.
Prometeo (cuyo nombre significa “prevención, prudencia”), y su hermano Epimeteo recibieron el encargo de crear la humanidad y de proveer a los seres humanos y a todos los animales de la tierra de los recursos necesarios para sobrevivir. Epimeteo (cuyo nombre significa “ocurrencia tardía”), procedió en consecuencia a conceder a los diferentes animales atributos como el valor, la fuerza, la rapidez, además de plumas, piel y otros elementos protectores. Cuando llegó el momento de crear un ser que fuera superior a todas las demás criaturas vivas, Epimeteo se dio cuenta de que había sido tan imprudente al distribuir los recursos que no le quedaba nada que conceder. Se vio forzado a pedir ayuda a su hermano, y Prometeo se hizo cargo de la tarea de la creación. Para hacer a los seres humanos superiores a los animales, les otorgó una forma más noble y les dio la facultad de caminar erguidos. Pero Prometeo incurrió en la cólera de Zeus, le quitó la mejor parte de las ofrendas, la carne, y engañó a los dioses haciendo que ellos recibieran las peores partes de cualquier animal sacrificado y los seres humanos la mejor. En una pila, Prometeo colocó las partes comestibles de un buey, la carne y las entrañas, y las recubrió con el vientre del animal. En otra puso los huesos y los cubrió con grasa. Al pedirle a Zeus que eligiese entre las dos, el dios optó por la grasa y se sintió muy disgustado al descubrir que ésta cubría una pila de huesos. A partir de ese momento, sólo la grasa y los huesos se entregaron a los dioses en sacrificio; la buena comida quedaba para los mortales. En castigo Zeus se negó a dejar a los humanos la recompensa del fuego, pero entonces Prometeo se dirigió a los cielos y encendió una antorcha con fuego del sol. El don del fuego que Prometeo concedió a la humanidad era más valioso que cualquiera de los dones que habían recibido los animales. Estas acciones de Prometeo provocaron la ira del dios Zeus. Por las transgresiones de Prometeo, Zeus lo hizo encadenar a una estaca en el monte Cáucaso, donde era atacado constantemente por un águila que le picoteaba el hígado. Por ser inmortal, Prometeo no podía perecer y su hígado se regeneraba todas las noches para que la tortura pudiese reiniciarse todas las mañanas. Finalmente lo liberó el héroe Hércules, que mató al ave rapaz.

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calendario-aztecaEl calendario Cuauhxicalli conocido como la Piedra del Sol o Calendario Azteca, es un monumento de piedra de una sola pieza. Fue esculpido bajo la dominación del sexto monarca azteca Axayacatl en honor a Tonatiuh, dios del Sol, considerado el rey de todos los cielos, regía el Universo en todas sus manifestaciones. Ocupando un lugar especial en la estela se encuentra, para algunos, la placa de consagración que recuerda el año de construcción del Calendario Azteca 13-caña (13-Acati), equivalente al año 1479 d.C. Los numerosos motivos esculpidos en el Calendario Azteca, parecen relacionarse con la astronomía, la cronología y la cosmogonía de los antiguos mexicanos. Los aztecas, los quichuas de Guatemala y miztecas coincidían sobre la eternidad de la materia coincidían sobre la eternidad de la materia, entendiendo que al principio solo existían el firmamento y el suelo inundado por el agua. Un antiguo mito cosmogónico de origen nahuano dice que, entonces, una pareja divina compuesta por Citlatonac “el que reside en el cielo”, y su esposa Citlalicue “la madre universal”, dieron origen al mundo de los dioses y de los hombres. Esta pareja recibió diversos nombres, según fueran los puntos en que se adoraba, pero aún, bajo interpretaciones distintas, se encuentra una misma díada generadora. No se encuentran los símbolos básicos del Sol y la Luna, los cuales aún no existían, sino con los también clásicos Cielo y Tierra del politeísmo. La mitología mexicana clasificaban cuatro edades cósmicas: la de la Tierra, la del Aire, la del Fuego, y la del Agua. Fue en la Edad del Fuego cuando Citlalicue, que ya había tenido de Citlatonac algunos hijos, dio a luz al cuchillo de sílex, Tecpatl, de modo que los demás hijos del matrimonio se sintieron abochornados por tan extraño hermano y lo estrellaron contra la Tierra, cayendo el cuchillo de sílex en un lugar llamado Siete Cavernas en donde se quebró en mil seiscientos pedazos, cada uno de los cuales se convirtió después, en una divinidad. Al querer estas nuevas divinidades tener gentes a su servicio, su madre les dio permiso y aconsejó que uno de ellos fuera a robar un hueso al País de los Muertos, hueso que se rompió en añicos mientras huía de regreso. Entonces los mil seiscientos hermanos mezclaron con su propia sangre los trozos de este hueso y al cabo de cuatro días nació de la mezcla, un varón mientras que cuatro días más tarde, nacía una hembra. Tal fue la primera pareja humana que pobló la Tierra.
Ocelotonatiuh (sol del Jaguar), se le considera como la primera y más antigua de las cuatro épocas cosmogónicas. En ella habitaron los gigantes que crearon los dioses, vivían en cuevas, no trabajaban la tierra, y su base alimenticia estaba formada por raíces y frutos silvestres. Esta época finalizó con ataque de los jaguares a los gigantes.
Ehecatonatiuh, (sol del viento), segundo sol o segunda época, durante la cual la raza humana fue destruida por fuertes huracanes y vientos. Para protegerlos, los dioses transformaron a los hombres en monos a fin de que no fueran arrastrados por estos fenómenos naturales; de ahí la relación de los hombres con los simios.
Quiauhtonatiuh, (sol de la lluvia de fuego), representa la tercera época cosmogónica. En ella todo fue extinguido por una lluvia de lava y fuego, y se transformó al hombre en ave para que volara y sobreviviera a la catástrofe así originada.
Atonatiuh, (sol de agua), significa la cuarta era, la cual fue destruida por fuertes y tormentosas lluvias que cubrieron las más altas montañas. La humanidad, para salvarse de este diluvio universal, se transformó en peces para sobrevivir. Nahui–Olin, (sol de terremoto), misterioso símbolo predominante que representa la era del quinto sol, es decir, próximo fin de la humanidad en el planeta.

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La Mitología oceánica nos habla de una diosa llamada Lukelong la cual creó el Cielo y luego la Tierra. En las Islas Gilbert el Cielo y la Tierra fueron hechos por Naruau y su hija Kobine y, según una leyenda de las Islas de la Sociedad, el dios celeste Tahatoa abrazó una roca, fundamento de todas las cosas, que dio origen entonces a la Tierra y al Mar. En otro tipo de mitos cosmogónicos, los dioses lejos de ser los autores del Universo, no son más que uno de sus elementos y tienen el mismo origen que los demás, una especie de Nada, que es el principio de todas las cosas. Así en las Islas de la Sociedad se dice que, en las tinieblas primitivas, Taroa existía en el interior de un huevo de donde salió después. En otras regiones de la Polinesia nos dicen que al principio sólo existía Po, un vacío desprovisto de luz, calor, sonido, forma y de movimiento. De modo que de esta especie de caos, brotaron gradualmente el movimiento, el sonido, una gran luz, el calor, la humedad, la materia, la forma y finalmente el Cielo padre y la Tierra madre, padres de los dioses, de los hombres y la naturaleza. En la cosmogonía de Hawai, la vida tenebrosa de donde habrían surgido todas las cosas no es más que el resto de un mundo anterior. En Samoa, El Universo tiene como origen una serie genealógica de rocas, primeramente las rocas de arriba y luego las rocas terrestres, de donde acabó por salir un pulpo que tuvo como hijos el Fuego y el Agua; entre esos descendientes tuvo lugar una violenta lucha en la cual el Agua venció; es decir, que el mundo fue destruido por un diluvio, siendo creado de nuevo por Tangaloa.

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Estos son los Señores de los Siete Rayos según el libro del mismo título de Mark L. Prophet y Elizabeth Clare Prophet
En orden divino son:

EL MORYA: Jefe del Consejo de Darjeerling de la Gran Orden de la Hermandad Blanca, estadista, poeta, economista y santo, fundador de The Summit Lighthouse y amado Gurú de los Mensajeros y chelas: “¡ No se haga mi voluntad, sino la tuya!”

SEÑOR LANTO: patrocinador del Retiro y del Consejo del Royal Teton que supervisa todos los sistemas de educación e instituciones de estudios avanzados, exponente de la antigua sabiduría hecha práctica para la mente occidental, edecán del sendero de la nueva era para los orientales tradicionales. “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia”

PABLO EL VENECIANO, artista divino que confiere por la excelencia de obras la imagen de Cristo diferente para cada alma, preparando a las corrientes de vida por las disciplinas del Amor para las iniciaciones del Sagrado Corazón y del Árbol de la Vida: “Aprended a amar, a hacerlo bien y lo haréis”

SERAPIS BEY, jerarca de Luxor, iniciador de los que están ascendiendo enseñándoles las aplicaciones del fuego sagrado, arquitecto de las órdenes sagradas, la vida interior y las ciudades de la era dorada, disciplinario militar de las fuerzas de Luz, Paz y Libertad Cósmica: “YO SOY el Guardián”

HILARIÓN, maestro de la Verdad inmortal, la Ciencia Divina, todas las ramas físicas y metafísicas de la ciencia y las artes de la curación; el sendero iniciático del apóstol Pablo: ”Y conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres”

MAESTRA ASCENDIDA NADA, abogada del alma ante el tribunal de la justicia divina, unificadora de familias y llamas gemelas, calificadora del Amor demostrado en el servicio a toda parte de la Vida; un sendero de actos que son (Chart of Lords of the seven Rays) un requisito previo para la automaestría en el Rayo Rubí: “El siervo no es mayor que su Señor”

SAINT GERMAIN, patrocinador de los Estados Unidos de América, Señor del Séptimo Rayo y de la Séptima Era, alquimista del fuego sagrado que viene a nosotros trayendo el regalo de la llama violeta de la libertad para la transmutación mundial: “La Luz de Dios nunca falla, y la Amada Poderosa Presencia YO SOY esa Luz”

“El sendero que mucho ofrece, mucho exige. Como decís en el mundo, conseguís aquellos por lo que habéis pagado. El precio es alto, pero estáis comprando la realidad suprema”

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hermesEn Grecia se le llamó Hermes, que significa mensajero o intérprete. Es hijo de Júpiter y de la ninfa Maya. Mercurio, el mismo día de su nacimiento se sintió ya tan apuesto y robusto que luchó con Cupido, le derribó de una zancadilla y robó su carcaj. Mientras los dioses le felicitaban por su victoriosa hazaña, el pequeño dios robó la espada a Marte, el ceñidor a Venus, el tridente a Neptuno y el cetro a Júpiter; y estuvo a punto de hurtarle el rayo a su padre, Zeus, si no hubiera sentido temor de quemarse los dedos. Es el dios de los ladrones y de los tramposos. A pesar de que el joven dios era el niño mimado de Júpiter, a su padre se le terminó la paciencia y lo envió a la tierra para que se formara en su juventud. Mercurio fijó su residencia terrestre en Tesalia, donde pasó su juventud. El también desterrado Apolo se dedicaba entonces por allí a guardar el ganado del rey Admeto y, el dios de la rapidez, se aprovechó de un momento en que el dios solar tocaba la flauta para llevarse el rebaño y esconderlo en el bosque. Apolo le descubrió y se enfadó tremendamente con él, pero hizo las paces con Mercurio, porque éste dio al inmortal solar su lira de 7 cuerdas, inventada por él y hecha con una concha de tortuga y cuerdas de tripa de buey tirante. A su vez, Apolo obsequió a Mercurio con una varilla de avellano que tenía la propiedad de apaciguar las disputas y reconciliar a los enemigos. Mercurio, para asegurarse de que la varilla tenía ese poder, la interpuso entre dos serpientes que luchaban ferozmente, enroscándose las dos inmediatamente alrededor de la varilla, formando el famoso Caduceo de Mercurio. Otra denominación de este símbolo es la de Gran Arcano. Mercurio aspiró a mayores triunfos, recorriendo las grandes ciudades y mostrándose hábil en los lugares públicos con las facultades de la elocuencia y la disertación. Por ello los oradores y los retóricos se pusieron bajo su protección. No tardó en ser adorado por los comerciantes y mercaderes. Hay que hacer notar que las palabras mercader, mercancía, mercantil, etc., derivan de Mercurio. Mercurio maduró y se gano la confianza de Júpiter, quien le llamó de nuevo a la corte celestial, nombrándole mensajero de los dioses. Allí es el más ocupado de los dioses y bien felicitado por los demás. El realiza los encargos de los demás miembros del Olimpo, dando recados y realizando negociaciones públicas, secretas, serias o frívolas, haciendo prácticamente de todo: espía, embajador, etc. Se puede decir que está siempre a las órdenes de los dioses. Cuando Io, víctima de los celos de Juno o Hera (esposa de Júpiter), fue convertida por ésta en oveja y entregada a Argos, Hermes, mandado por Zeus, durmió al monstruo tocando la flauta, cerrándole así sus cien ojos y luego le mató. Libertó a Marte de la prisión en que le habían encerrado los Gigantes, usando para ello el casco de Hades, que hacía invisible a quien lo llevaba. Dio a Nefele el carnero llamado vellocino de oro, que salvó a sus hijos Friso y Hele. Entregó a Ulises la rama de moli, planta mágica que salvó al héroe de los hechizos de Circe. Guió a Hércules a los infiernos y lo vendió a Onfala. Salvó a Dionisios, recién nacido, de la persecución de Juno. Acompañó a Juno, Afrodita y Atenea al monte Ida, donde se iba a celebrar el juicio de Paris. Encadenó a Prometeo en el monte Cáucaso, condujo a Baco hasta donde estaban las ninfas de Nisa, acompañó a Plutón cuando éste raptó a Proserpina, y mucho más. Hermes inventó el arte de encender fuego frotando dos maderos. Se representa a Mercurio como un hombre de eterna juventud (física y mental). Su gorro, su caduceo y sus talones están provistos de alas. En su mano derecha empuña el caduceo y en la izquierda tiene una bolsa con dinero. En los caminos de gran tránsito había estatuas de Mercurio para señalar a los viajeros el camino correcto y, también en las encrucijadas de varias vías, con tantas caras como caminos convergían allí. Mercurio también es el encargado de conducir a las almas, después de la muerte física, hasta el reino de Hades sin que equivoquen el camino.
Los filósofos consideraban a Hermes el creador del lenguaje y la expresión viva del pensamiento divino y humano. En tiempos de Platón se le relacionaba con la divinidad egipcia Thot o, lo que es lo mismo, Hermes Trimegisto.

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marte-blogFue llamado Ares en toda la mitología griega, el valiente hijo de Júpiter y Juno, educado por uno de los Titanes, quien le enseñó los ejercicios corporales. Antes de que llegara al mundo, los hombres luchaban sin técnica ni armas adecuadas. Marte dio las tácticas de militarismo, la defensa y el ataque, mejorando la manera de matar. El hierro, que hasta entonces sólo se había utilizado para herramientas, fue usado para hacer lanzas y espadas. Marte luchó con bravura contra los Gigantes, pero los hijos de Aloos le tendieron un trampa y lo tuvieron gimiendo en un calabozo durante 15 meses hasta que Mercurio lo liberó. Ya en el Olimpo, cortejó a Venus y ella quedó fascinada por su traje de guerrero, las armas y su valor; pero el cojo esposo de Venus, Vulcano, se quejó a Júpiter y éste decidió que Ares abandonara el cielo por un tiempo. Participó valientemente en la guerra de Troya, se le representa como un hombre joven, de feroz mirada y caminar enérgico, con traje de guerra, casco y pecho al descubierto. En su mano derecha tiene una enorme lanza, en la izquierda, un escudo o un látigo y a sus pies aparece un gallo. Va en un carro tirado por enérgicos caballos llevados por él mismo o por su hermana Belona. Belona, diosa de la guerra, le prepara el carro de combate a Marte y participa con él en las batallas, dando latigazos y aumentando el ánimo de los guerreros. La inseparable compañera de Belona es la Discordia, desterrada del cielo a causa de las continuas disputas y roces que creaba entre los dioses. La figura de esta última se representa con una cabeza llena de serpientes en lugar de cabellos, teniendo en una mano una antorcha y en la otra un puñal. Pero, a pesar de su fortaleza, Ares no siempre sale airoso del campo de batalla, así Atenea lo desarmó para evitar que interviniera en la guerra entre troyanos y aqueos, tumbándolo de una pedrada, Hércules logró herirle en un muslo y le hizo huir. Pero la mayor humillación la recibió Ares junto a Venus. Afrodita amaba ardientemente a Marte, ellos dos se unieron a escondidas y por primera vez, en la propia casa de Vulcano. Apolo, que los descubrió, se lo contó a Vulcano (Hefesto) y este último, al oír la noticia, se dirigió a su fragua y allí preparó una trampa a los dos amantes, haciendo una red de hilos inquebrantables como tenues hilos de araña. Esta red la dejó colgando sobre su cama matrimonial y luego fingió que se iba de viaje. Entonces Ares, que estaba atento, entró en la casa y se metió en la cama con Afrodita. En ese momento la red les cayó encima dejándoles del todo inmovilizados. Al poco tiempo llegaron los dioses y se rieron de la pareja. Marte, después de esto, convirtió a su mejor escudero, Alektrión, en gallo para que le avisara de la llegada del Sol. De esta unión ilegal nacieron Fobos y Deimos (el Terror y el Temor), los dos angelitos que acompañan siempre a Marte en el campo de la batalla. Ares tuvo éxito con otras mujeres mortales pero siempre generó hijos bandidos y violentos.

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zeus-11-jpgPara los griegos era Zeus, el mejor y más grande de los dioses, potente y perfecto; dios de poderío absoluto sobre hombres e inmortales; él es la fuerza símbolo de todas las manifestaciones celestes; potencia soberana que mantiene el orden y la justicia en el mundo e impone la ley moral. Se le representa sentado en un trono de oro y de marfil, con un rayo en su diestra y un cetro de ciprés en la siniestra, mientras un águila de alas desplegadas descansa impasible a sus pies; de larga barba, semidesnudo y con un laurel que lo corona, su aire respira majestad. En su honor los griegos fundaron las olimpiadas en la ciudad de Olimpia. Es el hijo de Rea y Khronos. Su padre había sido advertido por un oráculo de que uno de sus hijos lo destronaría. Así, Cronos quiso burlar su destino devorando a cada uno de sus hijos según salían del vientre de su esposa. Pero Rea, diosa de la Tierra, para salvar a Júpiter, lo parió secretamente de noche y, por la mañana, llevó a Cronos una piedra envuelta en pañales que el dios del tiempo se apresuró a devorar. Cuando Zeus se hizo mayor, destronó a su cruel padre, simbolizando la lucha del bien contra el mal. Pero, antes de emprender la batalla, fue a tomar consejo de Metis, diosa de la prudencia, la cual le entregó un brebaje que haría que Cronos vomitara los hijos que había devorado. Con ayuda de sus hermanos vueltos a la vida, Zeus comenzó una lucha contra Cronos y los Titanes que duró diez años. Júpiter tuvo la ayuda de los Hecatónquiros (gigantes de cien brazos) y de los Cíclopes (de un solo ojo), que estaban enterrados en los subterráneos del Erebo. La lucha fue tan dura que la Tierra, sacudida, lanzaba enormes ruidos al cielo conmovido y el excelso Olimpo retemblaba desde sus cimientos por la fuerza de la guerra. Cuando los dioses vencieron, encerraron a los Titanes en una subterránea región pútrida en el extremo de la Tierra, el Tártaro. Neptuno puso sobre sus salidas una puerta para que ningún monstruo escapara. Una vez obtenida la victoria, Zeus dividió el poder, quedándose para sí el cielo y la tierra. A Neptuno le correspondió la soberanía de los océanos y, a Plutón, la del reino subterráneo o infierno.
Los comienzos de su reinado fueron turbados por la rebelión de los Gigantes, hombres de colosal estatura. Así, cuando Júpiter regía pacíficamente el mundo, sus monstruosos enemigos decidieron destronarle. En el primer combate que el dios de los dioses tuvo con ellos, Júpiter fue vencido y llamó en su defensa a los demás dioses, pero todos huyeron a Egipto ocultándose, excepto Baco. Sólo un mortal, Hércules, acudió en ayuda de Zeus y fue entonces cuando los dioses reaccionaron y se decidieron a participar en la lucha. Entonces pudieron vencer a los Gigantes y hundirlos de nuevo en los abismos del Tártaro. Todavía Júpiter, para conseguir la victoria total, tuvo que vencer a Tifón, siendo apoyado por Hermes y Pan. Aún imperaba el crimen y la injusticia sobre la Tierra. Todas estas fechorías que acontecían motivaron a Júpiter a enviar el diluvio, que convirtió la Tierra en un mar inmenso, desapareciendo las más altas montañas bajo él. Sólo una cumbre sobresalía: el monte Parnaso, en Beocia. Sobre este mar enorme flotaba una frágil barca en la cual iban Deucalión y Pirra, esposos fieles y virtuosos. Guiados por una mano protectora tomaron tierra sobre la cima del Parnaso y esperaron a que las aguas bajaran. Entonces fueron a Delfos a consultar al oráculo Temis (diosa de la ley) quien les dijo que poblaran de nuevo la tierra.

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